Nota
de Recarga por el Sr. ROLANDO MÉNDEZ
El
siguiente material sobre recarga es de la autoría del SR. ROLANDO
MENDEZ,
especialista y colaborador de la página www.fullaventura.com
y fue autorizada su publicación por gestiones realizadas
por el socio del C.U.T. Sr. CARLOS FORNARO.
A lo largo del tiempo
en que mi consultorio esta disponible en este portal, he recibido todo tipo
de consultas, algunas únicas, y otras repetidas. Hasta que decidí
hacer este articulo, todas las repuestas las contestaba en forma particular,
no habiendo una respuesta común para preguntas comunes o frecuentes.
Pero estimo que las respuestas que puedo dar en el consultorio son mas bien
limitadas debido al medio que estoy empleando para hacerlo. Por lo tanto considero
que un articulo de este tipo puede servir para aquellos que tienen pensado comenzar
a recargar, tanto desde el punto de vista practico, legal y como parte de un
crecimiento personal en la actividad del tiro deportivo y que tienen dudas similares
o parecidas.
Hoy en día, la gran mayoría de los tiradores no pueden darle de
comer a sus armas, debido al precio que este “alimento” ostenta.
Esto ha sido el motor para que la recarga de munición renaciera en nuestro
país como actividad afín al tiro deportivo.
Sin embargo he encontrado gente que piensa que recargar es una actividad que
solo puede ser realizada por ingenieros de la NASA, mientras que hay muchos
que creen que la recarga consiste en dar palancazos a la prensa y los cartuchos
fluirán solos de la maquina.
Ni lo uno ni lo otro, y este y los próximos artículos que lo precedan
pretenden esclarecer algunos detalles que tienen que ver con esta actividad.
Recargar no es solo recargar:
Considero que hay dos maneras de recargar un cartucho, cada una con características
particulares que las distinguen. Todas tienen un propósito particular.
Los resultados que se consigan dependerán del grado de dedicación
que se le ponga a la actividad, del dinero que podamos o estemos dispuestos
a gastar y de la pasión o no que tengamos. Yo dividiría a la actividad
de la siguiente manera:
Recarga económica
–
Optimización -
Recarga Económica:
Hoy en día, este tipo de recarga es la que mas se práctica, tanto
por el usuario particular, como por los recargadores comerciales. Es que con
esta recarga se alcanza el objetivo tan anhelado de la mayoría de los
tiradores de obtener munición de bajo costo que permita mantener en uso
a nuestras armas. No se buscan grandes resultados en el desempeño del
cartucho, solo que las puntas salgan para adelante, sin que ninguna parte del
arma salga para atrás. Se utilizan los insumos mas baratos que se puedan
conseguir, que en general son de origen nacional. Las puntas son de plomo, aleación
de plomo, o bien poseen algún recubrimiento que oficia de lubricante
y posea bajo costo de producción.
Las pólvoras son las mas baratas que se consiguen, y no importa si no
es del todo adecuada para el calibre a cargar. En armas con ciclos semiautomáticos,
solo se presta atención a que la cantidad de pólvora cumpla para
no provocar fallos por falta de energía. En cuanto a precisión,
si se pega relativamente bien dentro de una zona aceptable basta.
Los fulminantes son aquellos que se consigan a mejor precio, no importa de que
tipo sean. Sin son magnum, se baja la carga de pólvora. Si no son magnum,
mejor así.
La recarga comercial sigue estos parámetros. El principal cuidado del
recargador comercial es la seguridad de que su recarga no producirá roturas
de armas o daños a personas. Pero también como lo que importa
es vender, y la mejor manera de hacerlo es producir un producto barato, todo
gira en derredor de estos dos conceptos. Seguro y barato. El problema es que
algunos recargadores comerciales no distinguen cual de los dos conceptos debe
ser el primero.
Por otro lado, la necesidad de sobrevivir en estos momentos, ha generado en
muchos, la necesidad de producir munición para comercializar, sin contar
con los permisos legales correspondientes, pero lo que para mí es mas
grave, sin los conocimientos técnicos necesarios también. Esto
hace que exista munición comercial de todo tipo y “peligrosidad”.
Y también es una de las razones por la que el tirador común que
no siente necesidad de conocer mucho sobre cartuchería, tiene cierto
recelo de alimentar a sus armas con recarga. Piensan, no sin razón, que
la recarga es mala, romperá el arma, etc. Esto es verdad para el caso
de la recarga que describo arriba, mas no es así cuando una recarga económica,
sea comercial o no esta bien hecha. Ósea que el hecho de que la recarga
sea económica no la exime de que sea muy buena también, tanto
a nivel particular como comercial. El problema que tiene entonces el tirador
común es encontrarla.
Me animo a mas y digo que si llegan a la porción en que describo la optimización,
podrán ver que la recarga no solo es igual a cualquier cartucho factory,
sino que puede ser mejor.
En general se da que este tipo de recarga es mas bien “floja”, que
parece que le falta potencia en calibres grandes, y seguramente se debe a que
no es posible con un solo tipo de pólvora, o a lo sumo dos, conseguir
prestaciones que solo se dan cuando el propelente es el adecuado.
Pero también pueden hacerse cargas fuertes cuando ese único tipo
de pólvora usada es la adecuada para el calibre que estamos cargando,
aunque la mayoría no se arriesga demasiado, sobre todo porque recargan
por conveniencia, y en la mayoría de los casos, solo se ocupan de conocer
lo necesario para lograr este tipo de cargas, no para evolucionar. No estoy
haciendo una critica destructiva al expresar esto, solo describo la realidad.
También hay gente que empezó por la conveniencia y termino enamorado
de la actividad, pero para ellos está la categoría restante.
La Optimización
de Munición:
Talves sea desconocido para muchos que el ahorro económico que se puede
lograr con la recarga no es la única razón por la cual se puede
recargar. También existe lo que yo llamo optimizar; que a mi criterio,
no es lo mismo que recargar, si bien se trata de la misma actividad. Tratare
de explicar que es este nuevo termino dentro de la recarga de munición.
La optimización en la recarga de munición es la posibilidad de
obtener un cartucho que se adapte de manera lo más exacta posible al
arma en que se la va a disparar, para conseguir un determinado resultado. Esto
significa que al recargar de esta manera, lo que estamos haciendo es perfeccionar
el sistema de armas que poseemos, que se compone de tres partes: Arma, Cartucho
y Tirador.
El resultado de la optimización, es un cartucho que se combina de manera
lo mas perfecta posible al arma en que se lo va a disparar y a las posibilidades
de un ser humano para poder hacer que los dos componentes anteriores trabajen
como se desea.
Cuando se decide optimizar, se esta recargando un tipo de munición que
probablemente se comporte en forma optima en una sola arma en particular, y
no es extraño que esta munición no trabaje bien en un arma diferente
del mismo calibre, aunque esta sea de la misma marca, modelo, lote de fabricación,
etc. Puede darse el caso de que talves si funcione bien en otra arma, pero eso
solo es producto de la casualidad.
Ejemplo de esto es el que me ocurrió hace un tiempo: Estaba tirando con
mi Mauser 1909 en 7.65 mm y mi recarga, optimizada para mi fusil. Un compañero
se acerco con su carabina 1891 del mismo calibre. Sin embargo, en el arma de
él, mi munición no alimentaba correctamente en recamara. Cualquiera
puede pensar que la recarga era mala, y en realidad lo que sucedía, era
que las dimensiones del cartucho estaban conformadas para mi arma en particular,
en la que esta munición funcionaba, y funciona muy bien. Podría
decirse que a partir de mi optimización, este cartucho pasó a
denominarse “ 7.65 Mauser, solo para el fusil de Rolando “.
Si bien la optimización de munición genera muchos mas resultados
en cartuchería de arma larga, los cartuchos de arma corta no están
exentos de ser optimizados. La optimización no solo significa mas velocidad,
mejor precisión y mejores efectos sobre el blanco. También significa
diseñar cargas para tareas especificas, como puede ser el tiro a la silueta
en movimiento con armas de grueso calibre, o el tiro de precisión olímpico,
en donde se utiliza munición mas suave a la original. Por supuesto que
también significa desarrollar cargas que logren mejorar las prestaciones
de un calibre determinado. Se puede lograr que un .45 ACP iguale las prestaciones
de un .357 Magnum sin problemas de presión con un poco de conocimientos
y elementos fáciles de encontrar en nuestro mercado. Esto, también
es optimizar.
Se pueden lograr recargas que cumplan con diferentes roles por ejemplo: nadie
podrá decir que el 7.65 Mauser sirva para cazar vizcachas. Pero optimizando
la recarga, pueden lograrse cartuchos que sirvan para la caza de este animal
sin provocar tanta perdida de carne, o bien en el otro extremo, se pueden lograr
cargas que entreguen las mismas prestaciones de un 30-06 sin problemas.
También puedo decir que la optimización de un cartucho insume
mayor gasto de dinero, en su etapa de optimización, que la compra de
munición factory. Esto es así, debido a que el periodo en que
se esta buscando la carga que mas se acerque a nuestros propósitos, solo
se cuenta con el método de prueba y error, y eso significa tirar, y ver
los resultados obtenidos, tanto los que quedan en el arma ( vaina, fulminante,
residuos en el caño ), los que incumben al disparo en sí que tienen
que ver en como reaccionan los sistemas que constituyen el arma al disparar
esa munición, como a los resultados balísticos logrados ( velocidad
de punta, precisión, balística terminal ). Todo esto genera gastos,
no solo en el consumo de munición durante la prueba, sino que para cargar
se ha gastado dinero en la compra de los insumos necesarios, y los mismos no
se venden por unidad. Ósea que si compramos pólvora, lo haremos
por lata, no por la cantidad exacta que vayamos a usar. De la misma manera ocurre
con las puntas y los fulminantes, que se compran por bolsas o cajas de 100,
500 o 1000 unidades. Y no es algo fuera de lo común que luego de pagar
los 50 dólares en promedio que cuesta una lata de pólvora importada,
o cualquier otro insumo, nos encontremos con que los mismos no logran satisfacer
lo que esperábamos de ellos.
Una vez que se ha encontrado la carga que se buscaba, dependiendo del calibre
usado, es probable que las sucesivas recargas igualen en valor económico
al de cualquier munición factory. Y esto se debe a que no existe en el
país variedad de insumos que se puedan utilizar a costos razonables.
Entonces hay que recurrir a lo importado, y ahí empezamos a tener problemas
con el color verde. Aún así, por lo menos en mi caso, aunque me
cueste lo mismo usar mi recarga o munición factory, no dejaría
de tirar con la primera de ellas, porque la satisfacción que experimento
por haber logrado lo que quería con algo hecho por mi, supera con creces
todo el dinero gastado.
La mayoría de los recargadores argentinos utilizan el viejo sistema de
“arreglarse con lo que hay “ ( yo soy uno de ellos ), sin embargo
hay que saber donde están los limites a esto, por ejemplo, en materia
de pólvoras de fusil, solo disponemos de una variedad que se consigue
con facilidad ( la FM A27 ) y otra variedad un tanto mas difícil de encontrar
( la FM A19 ). Estos propelentes andan bastante bien en los calibres para los
que fueron desarrollados, pero no es posible que entreguen prestaciones sobresalientes
en cartuchos para los que no lo están. Y querer lograr velocidades de
un Magnum con pólvoras que no esta diseñadas para ello es una
invitación a tener problemas. De todas maneras, la ventaja que nos presentan
los insumos de origen nacional son su bajo costo en relación a los productos
importados, lo que nos da mayor margen para la experimentación.
Como conclusión de lo que para mi significa la optimización, puedo
decir que es la cumbre de la recarga de munición, adonde se llega solo
si se recarga por pasión, no por conveniencia. Y dentro de esta cumbre,
el punto mas alto esta representado por la optimización de la munición
de arma larga, reservando la parte mas alta de la cumbre para aquellos que recargan
para disciplinas deportivas como el Bench Rest, en donde se toman en cuenta
absolutamente todos los detalles, por mas mínimos que sean, para lograr
el propósito buscado. No existen otros medios mas que la optimización
para poder lograr un récord de precisión como el que se mantiene
hasta ahora, en la que un fusil calibre .308 Winchester pudo agrupar 3 disparos
en un circulo de 10 centímetros de diámetro a 1000 metros.
Los Papeles necesarios:
Hasta no hace mucho, no existía, ninguna clase de papeleo a realizar
para poder ser el dueño de un equipo de recarga. Con solo poseer el dinero,
se adquiría lo que se quería. Pero los tiempos, no sé si
para bien o mal, cambiaron.
Hoy en día, es necesario registrar no solo a la prensa, sino a las matrices
o dies que se poseen. El tramite a realizar consiste en presentar un formulario
en donde se especifique el tipo, la marca y el modelo de la prensa que se tiene.
También hay que registrar a los dies de los diferentes calibres que se
van a usar. Esto puede representar un problema para muchos por lo siguiente:
Supongamos que en su momento recargábamos cuatro calibres y tenemos los
dies correspondientes, pero con el tiempo vendimos una o dos armas, y nos quedamos
con los dies del calibre de esas armas. Eso es un problema porque no se pueden
registrar los dies de calibres que no se tengan armas propias de ese calibre.
Y si bien lo mas probable es que no se utilicen esos dies porque el recargador
no tiene arma con que disparar, los mismos quedan en una zona que no es ni blanca
( registrados ), ni negra ( sin control ), ya que la persona que los registra,
lo hace porque quiere estar dentro de la ley. Esta zona gris en la que se encuentra
el sufrido recargador no es mas que un vacío legal en que lo sitúa
la incompleta legislación. Espero que los funcionarios sepan tomar nota
de esto, para no hacer las cosas a medias.
Los comercios están obligados a solicitar al comprador de insumos de
recarga, el CLU y las tarjetas que lo habilitan a adquirir estos materiales,
y solo podrán adquirir insumos para los calibres que recarguen, ósea
que si una persona solo posee una credencial que le permita recargar .38 Special
no puede comprar puntas de .44 Magnum, pero si puede adquirir cualquier tipo
de propelentes de arma corta con que se pueden cargar los dos calibres.
En definitiva, es una manera de seguir poniendo piedras en la rueda para desalentar
todo intento de un honesto tirador que quiere comenzar a recargar. Gracias RENAR.
Lo que se necesita:
Quien haya podido dar una ojeada a cualquier catalogo de origen norteamericano
sobre elementos de recarga, podrá ver que existen innumerables accesorios
disponibles para hacerle mas sencilla la vida al recargador. Algunos son indispensables,
otros son útiles, otros son lindos de tener, y otros son desperdiciar
la plata en chiches. Describiré aquellos elementos básicos como
para empezar a recargar de manera artesanal, no comercial.
Lugar de recarga -
Antes de pensar en tal o cual maquina, lo importante que hay que tener muy en
cuenta es el lugar en donde vamos a instalar nuestro equipo. De nada sirve tener
el mejor equipo del mundo, si no tenemos un lugar adecuado en donde colocarlo.
El lugar debe reunir una serie de condiciones que hagan a la comodidad y a la
seguridad.
El cuartito del fondo se puede adecuar como taller de recarga. Es aconsejable
que tenga dos características:
La primera tiene que ver con la ventilación; estaremos manipulando elementos
y materiales tóxicos, como el plomo, carburantes como la pólvora
y explosivos como los fulminantes. No es común que un recargador posea
pólvora suficiente como para provocar una explosión del estilo
de Río Tercero, pero los lugares ventilados ofrecen renovación
de aire fresco, y esto es bueno para mantener a la cabeza despierta mientras
se necesita atención en lo que se hace. La pólvora estando en
sus recipientes originales o al aire libre no explota, sino que se quema, liberando
gran cantidad de gas y calor. De ocurrir un incidente no esperado, las aberturas
de nuestro lugar de recarga garantizan que esos gases se liberen y puedan fluir
a la atmósfera libremente.
La segunda característica es la luminosidad del lugar de recarga. No
se puede andar tanteando las herramientas para encontrarlas, y por otro lado
nuestra vista debe estar segura de lo que nuestras manos hacen para no cometer
errores que después se traducirán en problemas de funcionamiento
de la recarga.
Con un banco que sea robusto y firme alcanza. Es recomendable que posea dimensiones
adecuadas para albergar cómodamente el equipo que se posea y que no se
mueva cuando se acciona a la prensa. Es importante poseer otra superficie que
no este sometida a las vibraciones que provoca el uso de la prensa.
Prensa -
En los comienzos de la recarga de cartuchos metálicos, la “prensa”
era en realidad una pinza, de diseño muy sencillo. Este equipo permitía
a un usuario de armas que habitaba en zonas alejadas de su abastecimiento, contar
con un medio para no quedarse sin provisión de cartuchos. Muchas armas
se proveían con este equipo incluido, y de no ser así el mismo
podía ser adquirido por separado sin inconvenientes. Con el tiempo, los
equipos fueron evolucionando hasta convertirse en las prensas progresivas de
hoy en día.
Hay tres tipos de prensas para recargar cartuchos metálicos. Estos son:
Las ya mencionadas pinzas –
Prensas de banco de única estación –
Prensas de banco progresivas –
Prensas de Banco de única
estación: También llamadas Uniestación, es un dispositivo
que permite realizar una sola operación de recarga por cada accionamiento
de palanca. Se fijan al banco de trabajo por medio de una base adecuada y además
de proveer la fuerza y el movimiento necesarios para las etapas de la recarga,
es la que contiene a todos los elementos necesarios para trabajar a la vaina,
salvo uno, la balanza.
Hay tres tipos de prensas uniestación:
Las del tipo C, o abiertas, por la forma de su armazón.
Las del tipo O, o cerradas, por el mismo motivo.
Las del tipo de torreta móvil, Osea que se pueden colocar sobre la torreta,
las herramientas necesarias para realizar las operaciones de recarga y estas
se presentaran a la vaina que se va a trabajar con solo girar el dispositivo.
Prensas de banco Progresivas:
Se fijan al banco de trabajo de similar forma que las prensas anteriores, y
se diferencian de estas en que en los modelos mas avanzados, realizan la totalidad
de las operaciones de recarga con un accionamiento de palanca. Ósea que
por cada accionamiento, la prensa despide a un cartucho totalmente terminado.
A simple vista las ventajas en cuanto a velocidad y sencillez de producción
son notables. Sin embargo, para aquellos que recargamos para consumo propio,
y consideramos mas importante la calidad que la cantidad, con estas prensas
se pierde el control de las operaciones de recarga, ya que no se puede controlar
todas las operaciones al mismo tiempo. Esto no significa que las prensas de
este tipo produzcan recargas de baja calidad, sino que no es lo mismo la “producción
masiva en serie”, que “la producción artesanal de un cartucho
por vez”,
Matrices o Dies y Shell
Holder–
Son los encargados de provocar las deformaciones plásticas sobre el metal
de la vaina que la reacondicionen para poder ser recargada. Los dies poseen
roscas externas que le permiten ser sujetados por la prensa y al mismo tiempo
sirven de regulación para el correcto asentamiento y adecuado trabajo
sobre la vaina. También poseen roscas internas que ofician de regulación
sobre los dispositivos que trabajan la parte interna de la misma. De todas las
operaciones básicas de recarga, los dies realizan todas menos dos: rectificado,
extracción del fulminante usado, apertura de la boca, colocación
de la punta y cierre del cartucho. La carga de pólvora y la colocación
del nuevo fulminante se realizan con otras herramientas.
Existen juegos de dos, tres y cuatro dies. El primer tipo esta reservado para
los cartuchos de arma larga, en donde uno de los dies realiza tres operaciones
al mismo tiempo. El segundo tipo esta representado por los dies para arma corta,
en donde el primero y segundo die preparan al latón y el último
die asienta la punta y cierra el cartucho. El ultimo grupo divide la operación
de asentamiento de punta y cierre de cartucho, manteniendo los primeros dies
las mismas funciones que los del segundo grupo.
Lo anterior no es una regla exacta, ya que existen juegos de dies para arma
larga que están compuestos por 3 partes, separando a las operaciones
de similar forma al que se realiza cuando se recarga arma corta. Casi con seguridad,
este tipo de juegos son utilizados con cartuchos cuya vaina es recta.
La mayoría de los juegos de dies modernos para el recalibrado de vainas
de arma corta poseen un inserto de tungsteno en su primera porción, lo
que evita que la misma quede trabada dentro del die y lo inutilice. De todas
maneras, nunca esta de mas el lubricar las vainas cuando se trabaja con prensas
progresivas, reduciendo el desgaste del die por la velocidad y el volumen de
uso. En el caso de los dies de arma larga, este inserto no existe, por lo tanto
es necesario la lubricación superficial de la superficie del latón.
Cada juego de dies, esta diseñado para cargar un solo calibre, o en su
defecto algún calibre derivado del original. Ejemplos de esto puede ser
los calibres .38 Special con el .357 Magnum, o el .44 Special con el .44 Magnum,
en los cuales se utiliza el mismo juego de dies.
Para que una vaina pueda ser trabajada en la prensa debe poder sostenerse firmemente.
El shell Holder cumple esta función. En prensas de única estación,
este componente se coloca sobre el pilón de la misma. En esencia, además
de sostener a la vaina, esta pieza cumple dos funciones mas: Transfiere la fuerza
de compresión y tracción del pilón a la vaina, como así
también sirve de base para la colocación de fulminantes en prensas
que poseen un sistema de colocación de los mismos.
A diferencia de los juegos de dies, un solo shell holder puede servir para recargar
varios calibres, tanto de arma corta como de fusil. Si bien hay shell holders
que solo pueden ser usados en un solo cartucho, muchas vainas poseen similares
culotes, tal el caso de casi toda la línea de cartuchos medianos tradicionales
de fusil con el .45 ACP en arma corta, o bien todos los llamados Magnum cortos
de la firma Winchester, los cuales derivan de una sola vaina.
Dippers y Balanzas –
Uno de los pasos más importantes de la recarga es el que tiene que ver
con la colocación correcta de la pólvora dentro del cartucho.
Esta operación representa en gran medida la obtención de una buena,
mala, así como también una peligrosa o segura, recarga.
Durante bastante tiempo, poseer una balanza con la precisión necesaria
representaba un alto costo para el recargador. Es por ello que se utilizaban
los Dippers, que no son mas que recipientes con un volumen interno conocido.
Estos utensilios se llenaban hasta el tope de propelente, y de esa manera se
sabia que el volumen de ese propelente en particular pesaba un determinado valor.
Si ese peso obtenido se acercaba o era levemente inferior al valor de pólvora
que indicaba la tabla de carga, podía usarse. De lo contrario había
que buscar otro dipper que más se acercara.
Estos juegos venían acompañados de tablas que indicaban, por ejemplo
que tal número de dipper podía contener un determinado peso de
una pólvora especifica, o un peso diferente de otro tipo de propelente.
Para los recargadores argentinos esto representaba un problema, ya que estas
tablas se confeccionaban con valores para los propelentes importados, mientras
que los de origen nacional no estaban contemplados. Entonces se hacía
imperioso encontrar a algún amigo o conocido que nos prestara una balanza
para poder averiguar que valores se obtenían y recordarlos para futuras
recargas. Pero como nuestra pólvora nunca se caracterizo por su homogeneidad,
era común encontrar diferencias en el peso que entraba en un mismo dipper
para lotes de propelente diferentes.
Además, recargar arma larga con este sistema es bastante tedioso y la
garantía de no lograr recargas parejas, porque había que llenar
dos, tres o más dippers para una sola carga de un solo cartucho.
Cuando la balanza se masifico en el país, todos estos temas se simplificaron
maravillosamente. En esencia, la balanza para recarga no es mas que una escala
sobre la que discurren contrapesos, que oponen su energía potencial al
peso de la carga de pólvora, como cualquier otra balanza. La diferencia
radical esta en su exactitud. Una balanza para recarga común y corriente
tiene una precisión que llega a las 6 milésimas de gramo, lo que
es un valor muy pequeño. Es por eso que se ha diseñado otro tipo
de nomenclatura para estos pesos tan pequeños, y se expresan en Grains.
Una idea de lo que significa el grain lo da el hecho de que se necesitan 15.43
grains para igualar el peso de tan solo un gramo.
De todas maneras, hoy en día esta complicado poder adquirir uno de estos
instrumentos de precisión. El problema no es conseguirla, sino que no
se hacen en el país. Por lo tanto se pagan a valor dólar. Tampoco
son muy caras, (unos ochenta dólares un modelo base), pero duelen.
Que yo conozca solo hay una fabrica en todo Estados Unidos que se dedica a hacer
balanzas, con la denominación de Ohaus. Esta fabrica tiene varios modelos
en producción, con varios colores en su armazón, y vende sus productos
a las distintas empresas proveedoras de insumos de recarga, las que le colocan
su propia marca.
Existen balanzas que no miden por comparación, sino que están
formadas por dispositivos electrónicos. El manejo de la misma difiere
del de las balanzas tradicionales, simplificándolo. Sin embargo, desde
el punto de vista de la precisión, ambos tipos de balanzas poseen similares
características.
Tablas de Recarga:
Este es el instrumento más fácil y más barato de conseguir.
En todo lugar en donde se vendan pólvoras para recarga, con seguridad
se obtendrán estas tablas, con el agregado de que su costo es cero pesos.
Estas tablas son en su mayoría confeccionadas por las fabricas que producen
propelentes o insumos de recarga. Especifican de forma inequívoca la
cantidad de propelente a dispensar en cada cartucho, según el peso de
la punta, el tipo de fulminante y el tipo de arma a usar. También brindan
información sobre el desempeño de cada cartucho cargado con los
diferentes tipos de pólvoras, como velocidad, presión de trabajo,
energía, etc.
Muchas tablas expresan solo valores de recarga máximos para cada combinación,
mientras que otros publican cargas máximas y mínimas, como así
también recomendaciones especificas ( de ser necesarias ) para las diferentes
combinaciones que se pueden obtener.
Para el recargador novato, no existe mejor guía que la que proveen estas
tablas. Deben guiarse por ellas a rajatabla, por lo menos hasta que la experiencia
obtenida le dé la confianza necesaria para salirse de los parámetros
que le brindan estas guías.
Estas tablas son por lo general desarrolladas por los productores manteniéndose
dentro de los parámetros de diseño que establece el diseñador
del cartucho y son testeadas con instrumentos que están fuera del alcance
del recargador común, por lo tanto no vale la pena arriesgarse, recargando
de otra manera que no es la que se indica, no por lo menos, mientras no se haya
obtenido suficiente experiencia para ir sobre seguro.
El equipo descripto hasta
aquí, constituye a mi entender el mínimo indispensable para comenzar
a recargar munición de arma corta con una calidad aceptable. Pero si
se quiere obtener una recarga de alta calidad, pienso que aun restaría
hacerse de mayores componentes.
Para arma larga, los componentes básicos necesarios son aún mayores,
ya que las vainas de este tipo insumen mayores puntos a controlar y trabajar.
No significa que no se puedan cargar, pero dudo mucho que se obtengan recargas
siquiera aceptables.
De todas maneras, la recarga de cualquier tipo de cartucho solo con este equipo
puede transformarse en un procedimiento muy lento y tedioso, el que seguramente
provocara que al poco tiempo empaquemos nuestro equipo. Los accesorios que siguen
pueden hacernos mas placentera y cómoda a la actividad:
Tolva –
Este dispositivo cumple la función de dispensar pólvora en cantidades
iguales por cada accionamiento. Esta formado por un recipiente en donde se coloca
el propelente, un cilindro unido a una palanca que posee un sistema de regulación
que permite el ingreso de una determinada cantidad de pólvora y la tira
por su parte inferior al exterior.
Si bien lo que la tolva tira es un peso constante de un tipo de pólvora,
lo que en realidad hace este instrumento es dispensar por volumen, ósea
que el hecho de que de la pólvora X cada accionamiento nos dé,
por ejemplo 4 grains, no significa que para otra pólvora tirara el mismo
peso, ya que lo mas probable es que los granos de los dos tipos de propelente
sean diferentes y por ende ocupan diferente volumen.
Por lo menos en mi caso, el uso de tolva es de relativa utilidad. Indudablemente
acelera el proceso de verter pólvora en las vainas, pero tiene sus secretos
que hay que conocer bien, para no cometer errores, sobre todo en cargas máximas,
o experimentales. En pólvoras con granos del tipo esférico o tubular
corto, las tolvas trabajan bien, liberando a cada bajada de palanca una cantidad
homogénea de propelente. Pero cuando se usa pólvoras del tipo
copo, o tubular de grano largo la cosa cambia y mucho. Quien ha usado estas
ultimas puede sentir como los granos son cortados por la tolva, provocándose
trabas en el libre recorrido de la palanca. Sugiero que cuando esto pase se
verifique el peso de la carga tirada, y me animo a decir que, ya sea para arriba
o para abajo, la cantidad de pólvora dispensada no será la buscada.
Y la variación puede ser mucha. Piense que en una carga de 42 grains
( una carga normal para un 308 ) un error de un grain puede no ser problema,
pero en una carga de 4 o 5 grains ( algo normal para una carga de arma corta
) un error de medio grain o menos puede significar la diferencia. Ni que hablar
si alguno tiene la intención de usar cordita. Este tipo de propelente
sin humo muy utilizado en Inglaterra, tiene la particularidad de semejar tallarines,
por el largo del grano. La tolva lo cortaría y nunca tiraría un
mismo peso.
Por lo tanto, considero adecuado el uso de la tolva cuando se trata de cartuchos
de arma corta, en lotes de 50 unidades o más y siempre y cuando la carga
sea normal, no máxima o experimental. O bien dispensar la carga de tolva
sobre el plato de la balanza y pesar cada tirada.
No creo que sea útil usar tolva para cargas de arma larga. Para el que
recarga lo que va a tirar, o para guardar pequeños lotes de munición
( 20 cartuchos ) a mi me da mas tranquilidad pesar cada carga de propelente.
Me asegura que por lo menos en materia de pólvora, el peso será
el mismo para todas las cargas.
Trimmer y Debourring
Tool –
Hay herramientas muy practicas, que si bien no son indispensables, proveen los
medios para lograr obtener recargas homogéneas. El trimmer, o fresa para
recortar el largo de la vaina es uno de ellos. Esta herramienta trabaja sobre
la boca de la vaina frenteandola en forma pareja. No sirve para convertir a
una vaina de 44 magnum en otra de 44 Russian, porque el fin de la misma es quitar
pequeñas porciones de pared. El uso de este accesorio debe estar acompañado
del debourring tool, que es una herramienta que permite quitar los rebordes
que deja el frenteado anterior. El debourring posee en un lado cuchillas que
forman un cono y sirven para trabajar bocas de diferentes calibres en su parte
interior, mientras que del otro lado posee filos para trabajar el exterior de
los mismos.
Decididamente, los mejores trimmers son aquellos que poseen un sistema de agarre
de la base de la vaina, similar a lo que seria el plato de un torno de mordazas
autocentrantes. De esa manera son universales, pudiendo tomar cualquier vaina.
Yo poseo uno que utiliza otro método, consistente en unas planchuelas
con forma de U, que trabajan por presión sobre la vaina. El inconveniente
de este método es que hay que tener las planchuelas indicadas para la
vaina que se va a tratar, y eso no es fácil de conseguir en el país.
Colocador Manual de Fulminantes
–
Hoy en día no es algo común encontrar prensas que no posean algún
sistema mas o menos efectivo de colocación de fulminantes. Durante la
mayoría del tiempo que recargo utilice el sistema que venia provisto
con mi prensa sin ningún tipo de problemas. Sin embargo a veces experimente
inconvenientes al utilizar estos instrumentos con fulminantes del tipo Berdan,
ya que el diámetro de estos es levemente mayor al de los del tipo Boxer
y por lo tanto la colocación se dificulta.
La gran ventaja que representan los dispositivos colocadores de fulminantes
que trabajan separados de la prensa, además de aceptar cualquier tipo
y sistema de fulminantes, es la posibilidad de “sentir” el ingreso
del nuevo fulminante en su alojamiento logrando mas homogeneidad en la colocación
del mismo. Esto es muy difícil de lograr con el sistema de la prensa,
ya que el brazo de palanca de la misma esta diseñado para hacer mucha
mas fuerza en detrimento de la perdida de sensibilidad.
Existen dos tipos de colocadores de fulminantes: los de banco y los de mano:
Trabajan de similar manera, y solo difiere su funcionamiento en el tipo de agarre.
Estos dispositivos, se proveen con un juego de shell holders especialmente diseñados
para ellos, los que en general no son compatibles con los que acepta la prensa
en su pilón.
Herramientas para limpieza
–
El método mas utilizado actualmente es el del tumbler. Este dispositivo
eléctrico limpia a la vaina por fricción, ya que el mismo posee
un recipiente que vibra de manera constante y hace vibrar al contenido del mismo,
que puede ser un tipo especial de piedra de granulado fino, o en algunos casos
he visto que se usa granos de arroz partido. Algunos le agregan algún
liquido pulidor para darle brillo a la vainas.
No son muchos los que gustan de limpiar vainas, pero a muchos les gusta que
su recarga luzca bien. Hoy en día muchos recargadores dirán que
si queremos que la munición se vea bien es “necesario” tener
un Tumbler para limpiar vainas. Esto es verdad hasta cierto punto. En principio
porque la terminación que este tipo de limpieza le da a la munición
no es fácil de duplicar por otros métodos. Pero hasta ahí
llegaron las ventajas. No conozco principio científico que me demuestre
que las vainas tratadas con tumbler sean mas precisas, más veloces o
generen menos sobrepresión que una vaina limpia por otros métodos.
Un tumbler nacional mas los insumos se acerca a los quinientos pesos de costo,
mientras que existen otros métodos, con no tan buena terminación,
pero un 99 % más baratos. Con medio litro de vinagre, mas agua destilada,
mas sal fina y un poco de jabón en polvo, puede hacerse una limpieza
mas que aceptable. Y se puede utilizar varias veces. Haga un calculo de costos
y notara la diferencia. Y después de todo, un trapo que quite la suciedad
externa y un cepillo que raspe las impurezas internas es mas que suficiente
para lograr vainas limpias, desde el punto de vista del rendimiento balístico.
No se le da mucha importancia a la limpieza del alojamiento del fulminante.
Sin embargo es una operación mas que importante para lograr buenas recargas.
Existen herramientas especialmente diseñadas para este propósito
que poseen una forma parecida a la punta de un destornillador plano. En lo personal,
nunca las he usado. Siempre he utilizado un buscapolo roto, el que me ha dejado
limpio esta parte de la vaina. Por otro lado me sirve tanto para vainas boxer
como berdan, mientas que las herramientas de origen industrial no.
Herramientas de Precisión
y varios –
Existen instrumentos de medición que sirven para medir el espesor de
las paredes de la boca de una vaina. No varían mucho de lo que es un
comparador. Son excelentes para optimizar a la vaina que se va a recargar. Permite
obtener una presión bien uniforme del cuello sobre la punta, y esto beneficia
a la misma cuando se desprende de la vaina e ingresa al caño. Estos instrumentos
de medición están acompañados de maquinas herramientas
especiales para tornear los cuellos y los hombros de una vaina.
Si bien, es indispensable para el tirador de bench rest, dudo mucho que para
el tirador común y mucho menos para el cazador se justifique gastar dinero
en este equipo, así como que va a lograr mejorar notablemente sus agrupaciones.
Cuando se hila tan fino en la combinación arma-cartucho, se llega a un
punto en donde no se puede mejorar el rendimiento, sin gastos muy grandes de
dinero. Quiero decir que en estos casos, lograr reducir un par de milímetros
una agrupación, puede representar cambios y modificaciones que hagan
temblar al bolsillo. Me animo a decir que en términos de precisión,
el bench rest es algo así como la formula 1 de las categorías
de tiro. Por lo tanto: ¿Alguien sabe cuanto cuesta un auto de esta categoría,
y cuanto dinero absorbe ponerlo a punto?. Solo trate de transladarlo a un fusil
de bench y su munición y tendrá una idea. Es por ello que este
tipo de complementos para lograr recargas mas precisas, yo los dejo para los
amantes de esta categoría y para los exquisitos que puedan pagarla. Para
el resto de los recargadores, lo considero excesivo.
Un accesorio no indispensable pero si muy útil para el recargador son
las bandejas porta vainas. En muchas ocasiones, después de haber dispensado
pólvora en cuarenta o cincuenta vainas, me ha pasado que varias se me
han caído, provocando un efecto domino en otras, haciendo que tuviera
que limpiar todo lo derramado en el banco y comenzar mi trabajo de nuevo. Estos
accidentes son los que le sacan a uno el placer que provoca recargar, y son
fácilmente solucionables con el uso de uno de estas bandejas. Pueden
hacerse manualmente, pero por el costo de las mismas no se justifica.
Hasta acá llegamos.................
por ahora.
La lista de herramientas y accesorios disponibles no termina acá, esto
es solo un pequeño muestrario de lo que se puede conseguir. Pero en general,
esa lista esta compuesta por dispositivos que no proveen grandes ventajas desde
el punto de vista del rendimiento de la recarga, y solo sirven para hacer más
fácil la tarea. Talves son aconsejables para recargadores con otra situación
económica, como los del norte de América. En nuestro caso, con
lo expuesto arriba, o inclusive con menos, ya se puede lograr una recarga de
excelente calidad, que no tenga nada que envidiarle o inclusive supere a la
mejor munición de producción en serie.
Seguramente quien ya tenga unos cuantos años recargando, pueda pensar
que lo aquí expuesto es básico, con lo cual concuerdo. Talves
lo escrito tenga que ver con el hecho de que cuando yo empece, no había
mas que uno o dos recargadores que habían puesto en papel parte de sus
conocimientos, con lo cual era todo un triunfo poder conseguir información
sobre este tema. Y no llevo mucho recargando, apenas unos diez años.
Tampoco pretende ser este articulo la Biblia de la Recarga; no soy tan pretensioso.
Es simplemente lo que yo creo que es esta actividad, y una introducción
para aquellos que estén pensando en incursionar en la misma. Hay mucho
mas, muchos secretos que se aprenden con la compañía de un buen
maestro a nuestro lado y la experiencia que uno mismo adquiere. Cosas que no
se pueden poner en palabras tan fácilmente.
Por ultimo, algo que me enseño mi maestro, el señor Renato Taddeo,
mientras me instruía en mis primeros pasos por este mundo de la recarga
de munición: “No es mejor recargador el que tenga el mejor equipo,
sino el que más maña se da con lo que tiene. El equipo más
costoso no puede nunca reemplazar a los conocimientos, la experiencia, la pasión
y la voluntad de producir recarga de alta calidad”.
Tengan todos ustedes muy buenas recargas...............
Rolando Mendez
Recarga: Desde el Principio – Parte 2:
Continuando con ¨Recarga: Desde el Principio¨ , en este articulo es
mi intención empezar a repasar en detalle los diferentes pasos en el
proceso de la recarga de cartuchos.
A diferencia de un procedimiento quirúrgico, en donde los pasos a seguir
para realizar una determinada acción están bien determinados,
en recarga, la forma de realizar un mismo paso puede variar en cada uno de los
que recargamos. Quiero decir que respetando los procedimientos básicos,
cada recargador con cierta experiencia ha desarrollado un estilo propio al recargar,
el cual para algunos puede ser excelente y para otros no tanto.
Lo que yo haré es explicar los procedimientos clásicos de recarga,
pero al mismo tiempo agregare algunas cosas que la experiencia me ha enseñado.
Por lo tanto, sucederá que algunos que lean esto no estarán tan
de acuerdo con “mi estilo”, o talves posean “estilos diferentes”
que pueden ser mejores o peores al mío. Y esta bien que así sea.
Dicho esto, entremos en tema:
Tenemos la vaina disparada;
¿Que hacemos ahora?
La mayoría de los libros y manuales indican como primer paso para recargar
cartuchos metálicos al resizing, o recalibrado de la vaina. Sin embargo,
yo considero que hay pasos anteriores, que terminan siendo también muy
importantes en la conformación de una recarga de calidad, y que evitan
problemas bastante serios y molestos.
No sé exactamente porque, pero he notado que a muchos recargadores, los
pasos que mencionare les resultan tediosos, aburridos, y por lo tanto muchas
veces lo pasan por alto. Es verdad que no es lo mas lindo de los procesos de
recarga, pero creo firmemente que como toda actividad, la recarga tiene cosas
que gustaran mas que otras y no por eso dejan de ser necesarias de realizar.
Las operaciones a las que me refiero son la limpieza y el análisis de
las vainas servidas. Los fundamentos que tengo para colocar a esta operación
como primera en lugar del recalibrado son dos:
Estética: En lo personal me agrada mucho que mi recarga luzca. Osea que
no solo se comporte bien en tiro, sino que también se vea bien. Me pasa
algo parecido a aquel hombre tan criticado y poco comprendido por las mujeres
que posee un auto y se la pasa limpiándolo y mejorándolo. Por
lo menos a mi me gusta mostrar la recarga que hago, así como al conductor
le gusta mostrar su auto impecable.
Seguridad: Esta razón es mucho mas importante que la anterior. No solo
con la seguridad de estar recargando una vaina en buen estado se asegura la
buena performance de la recarga, sino que también me aseguro que no haga
“nada raro” al momento de dispararla.
Por lo tanto creo que antes de siquiera colocar una vaina en la prensa, hay
que observarla detenidamente con la ayuda de una buena luz, en lo posible ambiente,
y verificar cualquier signo de rajadura, abolladura, boca despareja y aumento
del diámetro del orifico que contiene al fulminante. Y no existe mejor
manera de hacer esto con una vaina limpia, ya que suele ocurrir que muchos defectos
del metal se disimulen entre suciedad y restos de combustión. Ni que
hablar de encontrar un problema en el metal cuando miramos dentro de una vaina
que nunca ha sido limpiada. Me parece que es imposible.
Cuando se carga en prensas monoestación, talves pueda inspeccionarse
la vaina antes de colocarla en el shellholder, pero cuando usamos maquinas progresivas,
el control que se ejerce sobre la vaina es bastante deficiente, por lo tanto
lo mejor es hacerlo antes.
A pesar de los grandes avances que se han hecho ya hace tiempo al reemplazar
la pólvora negra por propelentes basados en celulosa o nitroglicerina,
aun no se ha inventado el propelente que no deje residuos de combustión
sobre el latón. Mucho menos aquel compuesto que expulse a las vainas
pulidas; por lo tanto, un vaina disparada, presenta signos de roces en sus paredes,
muescas producidas por la o las uñas extractoras, y manchas de carbón.
En mayor o menor medida, todo cartucho dejara suciedad en la vaina. Existen
propelentes y combinaciones de recarga que pueden ser mas limpias que otras,
pero nunca serán libres de dejar cierto grado de suciedad. Como regla
general, aquellos cartuchos que queman mucha pólvora ensuciaran mas que
otros con menores cantidad de propelente. Los propelentes de forma cilíndrica
son mas “limpios” que los de tipo tubulares y estos a su vez son
mas limpios que los del tipo copo, mientras que las pólvoras rápidas
son mas limpias que las lentas. Reitero que esto es una regla general, y pueden
darse casos en que estas reglas no se cumplan.
Todo este remanente del disparo, no solo no contribuye en nada bueno cuando
se re utiliza a la vaina, sino que puede llegar un punto en que la acumulación
de residuos provoque mal desempeño del cartucho y hasta la rotura de
las vainas o el arma.
La porción en donde estos residuos son mas abundantes es el interior
de la vaina, el lugar donde se produce la combustión. Sin embargo no
es el único lugar en donde se acumulan. En toda la superficie exterior,
desde el culote, la ranura de extracción, el alojamiento del fulminante,
encontraremos algo. Aunque parezca raro, en las vainas con cargas muy suaves,
es en donde se encontraran talves mas residuos que en cargas normales o máximas.
Y esto se debe a que muchas veces no se produce la necesaria expansión
de la vaina y los gases que se expanden en todas direcciones también
van hacia atrás y se depositan en las paredes de la vaina y el frente
del cierre del arma.
En armas con recamaras segmentadas, como las que se encuentran en las armas
Heckler & koch, la suciedad en la vaina es mucho mas notoria y característica
que en otras armas con recamaras convencionales, presentándose rayas
longitudinales de residuos a lo largo del latón en toda su extensión.
Además, este tipo de recamaras producen un rápido deterioro del
metal de las vainas, y la merma de su vida útil.
Básicamente existen dos métodos para limpiar vainas: Por fricción
y por acción química.
El primero de ellos trabaja con la vaina seca: La fricción se produce
entre el latón y el elemento de limpieza, que puede ser desde simple
virulana, hasta las piedras que utilizan los tumblers. Estos aparatos trabajan
por vibración. El recipiente que contiene a las piedras y las vainas
produce en estos un movimiento circular que mueve al contenido y después
de un tiempo se obtienen vainas con una excelente terminación. También
se colocan aditivos que en esencia no es mas que el conocido Autopolish o el
Braso con que se limpiaba metales. Esto les da brillo a las vainas. Algunos
dicen que el cuarzo es bueno, mas yo no puedo opinar porque no lo he probado.
Este sistema no es bueno para limpiar el interior de las vainas. Cuando se junta
cierta cantidad de piedras dentro de ellas, simplemente por falta de espacio
dejan de vibrar y por lo tanto no limpian. Además, por la misma razón
no limpian el orificio del fulminante, con lo cual, al sacarlas del tumbler
tenemos que seguir con la limpieza de a una vaina por vez.
El método por
acción química, no es mas que el lavado de la vaina con un ácido
muy suave que no produce ninguna alteración en las propiedades del metal.
Me refiero al ácido acético, también conocido como vinagre.
Para medio litro de vinagre, se le agrega igual cantidad de agua destilada,
una cucharada de sal y otra de jabón en polvo. Con la mezcla levemente
mas que tibia, se colocan las vainas y se bate durante unos tres minutos el
recipiente
(asegúrese que este tapado) enérgicamente. Luego se quita el liquido
y se lo guarda (sirve para varios lavados), y se enjuaga las vainas con agua
hervida en otro recipiente. Luego se las deja secar y quedaran limpias y bastante
presentables.
Yo uso este método y también utilizo un cepillo para limpiar caños
viejo al que le he colocado virulana. Con una agujereadora afirmada en el banco,
y el cepillo en el mandril, utilizando la velocidad mínima, introduzco
las vainas en el cepillo, y de esa manera limpio el interior de las mismas.
La ventaja que tengo es que no solo es mas rápido, sino que al haber
aflojado con el baño anterior toda la suciedad del interior, esta se
desprende mucho mas fácil.
He notado que muchos no le dan la importancia que merece a la limpieza del alojamiento
de fulminante. Y esto no es algo necesario, sino que es esencial para lograr
recargas excelentes. Los residuos que deja la combustión del fulminante
son mucho mas voluminosos con relación al lugar que tienen para depositarse.
Puede tapar el o los oídos por donde pasa el fuego, puede provocar igniciones
erráticas y tardías, pero lo que es mas peligroso, puede provocar
que el fulminante nuevo quede sobresaliendo de la base de la vaina y esto puede
provocar que al caerse un cartucho se inicie, convirtiéndose en una mini
granada para aquel que este a unos dos metros de distancia. También puede
pasar que el cartucho se inicie al chocar el frente del cierre contra el fulminante,
estando la recamara semi abierta y produciéndose un disparo no deseado.
Para limpiar el alojamiento del fulminante no he encontrado mejor método
que un buscapolo viejo con el que raspo el interior del mismo. Los cepillos
que se obtienen comercialmente, no solo son mas caros, sino que los resultados
son los mismos que con el buscapolo, y además no sirven para limpiar
vainas Berdan.
Una vez que la vaina esta limpia, la inspección visual es el primer paso
a seguir. Exteriormente, podemos encontrarnos con rajaduras en la boca y en
el cuerpo, con anillos que rodean a la vaina formando un escalón con
el resto del cuerpo, las que son bastante fáciles de detectar. Ahora
bien, dependiendo del tamaño y de la ubicación de estas rajaduras,
la vaina deberá ser descartada, o podrá usarse nuevamente en determinadas
condiciones. Esto ultimo talves sea difícil de entender para ciertas
personas, y decididamente no lo recomiendo para recargadores que no sean experimentados.
En vainas rectas, yo he utilizado algunas con pequeñas rajaduras que
comenzaban en la boca. Siempre las recargue con cargas suaves, y nunca pegaron
como las vainas sanas. Pero es una alternativa de emergencia para seguir tirando
con vainas caras o difíciles de obtener, por lo menos para lograr que
rindan un par de tiros mas. Demás esta decir que con aquellas vainas
que tienen rajaduras en el cuerpo, lo anterior descripto no puede hacerse en
absoluto.
Pero puede suceder, y esto no es nada fuera de lo común, que las rajaduras
o anillos en el metal, estén en la parte interna de la vaina, y no sean
visibles. Para esto se puede usar un alambre con su punta doblada apenas en
la ultima porción. El alambre debe tener un largo mayor que el de la
vaina, y debe ser introducido hasta el fondo. Con la punta doblada, se raspa
desde abajo hacia arriba y en toda su circunferencia, hasta llegar al final
o por lo menos hasta donde empieza el hombro de la vaina. Si el alambre se traba
en alguna porción, puede ser por restos de carbón o bien porque
hay un anillo o una rajadura. Si es suciedad, se desprenderá, pero si
es otra cosa, no cederá cuando la recorramos y por lo tanto debemos asumir
que la vaina esta inservible. Este método es recomendado para vainas
largas, abotelladas, como así también para toda vaina de la que
tengamos sospechas que no esta en condiciones adecuadas.
Para aquellos que recargan grandes volúmenes, a veces se hace tedioso
tener que revisar de a una, a un lote de 1000 o mas vainas. Generalmente lo
que se hace es tomar de a tres o mas vainas y analizarlas “ por tacto”
como así también se verifican los marcajes que tiene las vainas
en el culote para saber si son Berdan O Boxer. Con este método solo puede
descubrirse anomalías notorias en la vainas, como ser una rajadura considerable
o la desmedida expansión que suele producirse en el cuerpo de las vainas
justo encima de la garganta. Pero no es una forma ni exhaustiva ni detallada
de verificar el buen estado de las mismas. Y es por eso que veo tantas recargas
sobredimensionadas del .40 S&W que son usadas generalmente en tiro practico
en pistolas de plástico, que estallan y vuelan extractores, inutilizan
cargadores y queman dedos. La única solución que encuentro para
este tipo de vainas es que el recargador se arme de paciencia y revise a cada
una en particular, aunque se aburra y fastidie. Es mejor perder tiempo así,
a perderlo porque el arma esta en un mecánico para ser reparada o porque
tenemos que comprar otra ya que la que teníamos no sirve mas, o bien
que debamos dejar de tirar porque nuestra mano debe recuperarse después
de algún tratamiento medico.
Vaina Limpia y en condiciones
– Lo que sigue.
Para lograr recargas parejas, lo mejor es separar a la vainas en conjuntos.
Por ejemplo, aquellas que son de una misma marca, y si se puede también
de un mismo lote dentro de las de la misma marca. Un método ordenado
es llevar el registro de recargas que tiene cada lote, de esa manera sabremos
que las vainas de una misma marca y lote tendrán el mismo uso, y por
ende un desgaste parejo.
Desde hace ya bastante tiempo, los dies de recalibrado contienen un inserto
de tungsteno en su base que hace que el latón de la vaina no quede pegado
al die cuando es comprimido por este. Esta es una excelente solución
a un problema muy molesto como es tener clavada una vaina en el die. Se supone
que estos dies evitan el tener que lubricar las vainas antes de ingresar al
mismo, lo cual es verdad pero ...................................... solo cuando
recargamos para nuestro propio consumo en cantidades pequeñas.
Cuando se recarga comercialmente, un die de 9 milímetros puede estar
sometido en forma diaria a recalibrar unas 5000 vainas tranquilamente. En un
mes unas 1000000 vainas habrán pasado por este die, y por mas duro que
sea el tungsteno, el mismo se desgastara y comenzara a entregar resultados inaceptables.
Para prolongar la vida útil del die, la solución entonces es lubricar
estas vainas para reducir la fricción. Un método muy barato y
casero consiste en utilizar un aditivo para motores muy conocido que se agrega
al aceite, empapándose las manos con el y tomando a las vainas tal cual
si fueran un jabón. De esa manera impregnamos levemente al latón
y ayudamos a prolongar la vida del die.
En dies de arma larga, el tungsteno no esta presente, por lo tanto si se impone
lubricar. Esto no solo evitara que se atasque una vaina sino que también
deberemos hacer menos fuerza para lograr el proceso. Además, por el sistema
que se utiliza para trabajar al cuello, la lubricación no solo debe ser
de las paredes externas de la vaina, sino también de la internas, para
lo cual lo mejor es usar un isopo embebido en lubricante. Puede usarse el mismo
lubricante que antes mencione o bien utilizar los comerciales. Existen de varias
marcas y todos cumplen con su función adecuadamente. También he
visto almohadillas, similares a las que contienen la tinta para sellos en donde
se puede colocar este lubricante y se hace rodar a las vainas sobre él.
El exceso de lubricación es tan peligroso como la falta de él.
Los fluidos no son compresibles y cuando una cantidad mayor a lo normal se encuentra
entre el cuerpo del die y la vaina, probablemente produzca ondulaciones del
latón que no son aconsejables. Si no son muy notorias, talves lo único
que hagan es restar volumen interior a la vaina, pero eso aumentara la presión
de trabajo del cartucho. Si son notorias, lo mas probable que es dicha vaina
vaya a para a la basura. Además se ira acumulando exceso de lubricante
dentro del die y esto juntara suciedad que se depositara en la vaina trabajada,
haciendo que la limpieza anterior pierda sentido.
El Recalibrado:
Al momento del disparo, la vaina se dilata por efecto de los gases y sella la
recamara para que los gases no se dirijan hacia atrás y lastimen al tirador.
Además la vaina adapto la forma en negativo que posee la recamara del
arma, perdiendo de esa manera sus medidas originales. El recalibrado le devuelve
a la vaina sus medidas originales para que pueda ingresar nuevamente en una
recamara sin problemas.
Cuando ya tenemos la vaina limpia, analizada y lubricada, existen dos maneras
de efectuar esta operación:
Recalibrado total: Desde la garganta hasta la boca, la vaina es sometida a una deformación del tipo plástica que produce el retorno del latón a sus medidas originales en toda la superficie que forma su cuerpo. De esa manera se asegura que, en lo que a la vaina tenga que ver, la alimentación en recamara sea segura y confiable. Este tipo de operación es especialmente recomendada para la gran mayoría de las vainas de arma corta, ya que las ventajas de una vaina adaptada a una recamara en especial ( como explicare enseguida ) no son tan importantes como el asegurar el correcto movimiento o asentamiento en recamara en un arma corta.
Recalibrado Parcial:
También se llama recalibrado de cuello, y consiste en solo devolver las
medidas originales de la vaina a una parte del cuello de la misma, con el objeto
de obtener una superficie adecuada para la colocación de la nueva punta.
Este tipo de operación tiene sus ventajas y desventajas: La principal
desventaja radica en el hecho de que muchos cartuchos así tratados no
asentaran correctamente mas que en el arma en que se ha disparado previamente
a la vaina, produciendo errores de alimentación en las demás.
Por lo tanto, no es recomendable trabajar con este sistema a vainas que serán
disparadas en distintos tipos de armas.
Pero para quien recargue para su arma, y solo para ese arma, las ventajas son
varias: En primer lugar se esta colocando una vaina en recamara que tiene exactamente
las mismas medidas entre sí, obteniendo de esa manera un asentamiento
perfecto. Esto es muy bueno como factor de precisión del disparo. La
vaina no se mueve cuando se inicia la combustión, por ende la punta tomara
las estrías sin ningún movimiento parásito.
Complementariamente a esto, la vaina, que ya esta apoyada sobre las paredes
de recamara, no sufre tan violentas expansiones como si no lo estuviera, y por
lo tanto el material no se ve sometido a tanto esfuerzo que produce fatiga de
material, ya que al expandirse por el disparo y contraerse por la acción
del recalibrado total, estamos siempre produciendo deformaciones plásticas
que tienden a acelerar el envejecimiento del latón.
El recalibrado parcial es especialmente indicado para las vainas de fusil con
hombro, que son las que mas sufren. En la mayoría de ellas, el asentamiento
en recamara se produce sobre esta porción de la misma, y por ende es
la que mas sufre. En vainas con otros métodos de asentamiento, como pueden
ser las cinchadas ( como todas aquellas que descienden del .375 H&H ) con
esta forma de recalibrar le estamos dando mayor superficie de contacto entre
vaina y recamara, por ende una mayor estabilidad de la misma al producirse el
disparo.
La operación sobre
la prensa para lograr un recalibrado total se realiza de la siguiente manera:
Colocamos en el pilón de la prensa el shellholder adecuado, y enroscamos
el die en la rosca superior hasta que notemos como asoma por debajo del armazón.
Accionamos la palanca de la prensa suavemente hasta que llegue a su tope inferior.
El pilón, que ha elevado al shellholder debe mantenerse así, mientras
continuamos enroscando el die hasta que las dos piezas se toquen entre ellos.
Una vez que esto haya pasado, desenroscamos el die para dejar un milímetro
de luz entre ellos, y apretamos la tuerca de seguridad del die para que este
no se mueva. No es necesario utilizar herramientas para apretar este tuerca,
ya que con que se mantenga firme es suficiente. Diferente es la situación
en una presa progresiva, en donde el volumen de trabajo es mayor y muchas veces
no nos daremos cuenta que el die se ha aflojado hasta que varias vainas hayan
pasado.
En esencia con el recalibrado parcial se procede igual, pero en este caso, deberemos
utilizar una vaina que servirá de testigo para saber hasta donde estamos
recalibrando al latón. Lo ideal es solo tocar hasta la ¾ parte
del largo del cuello y no más. Esto se verá claramente ya que
la porción afectada conformara una especie de escalón con respecto
a la que no lo esta. Siempre es bueno “quedarse corto” al regular,
porque si nos pasamos no hay manera de solucionar esto mas que disparando al
cartucho. Esta operación es mejor hacerla quitando el sistema de expansión
del cuello, el cual explicare para que sirve en las próximas líneas.
Todos los dies de recalibrado no solo cumplen esta función, sino otra
más. Quitan el fulminante utilizado, pero solo en vainas con el sistema
Boxer de ignición. Para ello poseen un vástago roscado que discurre
por el interior del cuerpo del die y posee una punta en su extremo, que ingresa
por el oído de la vaina y expulsa al elemento inservible. Esta punta
no debe sobresalir mas allá que unos tres a cinco milímetros de
la base del die, distancia esta suficiente para cumplir con su trabajo. Este
sistema no es adecuado para vainas con sistema Berdan de ignición y lo
único que ocurriría de usarse con este tipo de vainas es que la
punta extractora se terminara doblando o partiendo dentro de la vaina, dejando
inservible el sistema hasta que se repare.
En los dies de arma larga con hombro, el vástago central del die cumple
con una función extra a las dos anteriores. Cuentan con una pieza llamada
“ Botón Expansor” el cual tiene la función de expandir
el cuello de la vaina, que ya ha sido rectificada, para permitir que se pueda
introducir una nueva punta cuando sea necesario. No se si se conseguirán
ahora, pero hace un tiempo se podía conseguir botones expansores supermedida,
los cuales se utilizaban mucho cuando se recarga con puntas de plomo o aleación
que suelen poseer un diámetro ligeramente superior a las puntas encamisadas.
Estos botones trabajan por el mismo principio de deformación plástica
que todos los dies utilizan.
Me ha pasado que de tanto utilizarlo el botón expansor se ha cortado
a la altura de la rosca que lo sostiene. Y es que este dispositivo, en ciertas
condiciones esta sometido a un esfuerzo de tracción considerable. Es
por eso que es aconsejable, como lo indique anteriormente lubricar las paredes
internas del cuello, para reducir la fricción.
Antes había mencionado que el sistema de extracción de fulminantes
no es posible utilizarlo con vainas Berdan. Esto no quiere decir que estas vainas
no puedan recargarse, sino que justo es este proceso de extracción el
que hay que modificar para poder recargarlas. Para ello existen, por lo menos
que yo conozca, dos métodos de extracción:
Método Hidráulico: Por presión de agua aplicada en el interior
de la vaina, el fluido que penetra por los oídos de la vaina expulsa
al fulminante usado. El dispositivo semeja en mucho a una jeringa, sobre la
cual se aplica un fuerza en un tiempo pequeño y se inyecta agua a presión.
Particularmente, no me gusta este sistema, porque hay que esperar a que seque
la vaina después del proceso y además porque a pesar que se tenga
todo el cuidado posible, siempre se termina mojando todo el lugar de trabajo
como también a uno mismo.
Método Mecánico: Este sistema trabaja con un principio similar
al que usan los sacacorchos, ejerciendo una palanca sobre el reborde de la vaina.
Una púa clava al fulminante y con la palanca lo extrae de su alojamiento.
Este es el método que yo uso y luego de una determinada practica, la
cadencia de fulminantes extraídos es alta. La gran ventaja que se tiene
es que no se debe esperar a que la vaina seque y no hay que secar muebles, pisos
o ropa alguna. Solo hay que tener cuidado en no dañar el yunque interno
del alojamiento al clavar la púa.
Hasta aquí, por
ahora:
Con esta entrega hemos visto en detalle solo el comienzo de las operaciones
de recarga. En las próximas entregas, iré explicando los procesos
que siguen para conformar una recarga de calidad.
Buenas recargas...............
Rolando Mendez
Recarga: Desde el Principio – Parte 3:
En la entrega anterior
había descripto en detalle las operaciones de limpieza, inspección,
recalibrado y extracción del fulminante.
Ahora continuare describiendo las restantes operaciones, paso a paso.
Tenemos a la vaina rectificada
y sin fulminante................
Y mal que nos pese, debemos volver a la limpieza.
Al llegar a este punto, nos encontramos con una vaina que esta rectificada,
sin fulminante, en el caso de vainas de arma larga, la boca de la misma ya esta
expandida, pero también tenemos a la misma llena de restos de lubricante,
tanto en el exterior como en las paredes internas de la boca. Por lo tanto,
si no queremos que todo lo que este volando alrededor de la vaina se peguen
en ella, debemos quitar todo este lubricante. En especial porque estamos por
realizar una operación que desprenderá viruta de la vaina y esta
inevitablemente se pegara en este fluido y molestara en los procesos siguientes.
Con un trapo de algodón limpio, hay que quitar todo el sobrante de lubricante
que se encuentre en las paredes exteriores, y podemos usar un isopo seco para
limpiar el interior.
Frenteado:
Cuando la vaina se expande por efecto del disparo, el lugar por donde menos
esta contenida, ósea el caño, es el que mas estiramiento del latón
produce. El hombro se va hacia delante hasta toparse con la pared de la recamara
y el cuello tiende a irse junto con la punta hacia el interior del caño.
Al cesar los efectos de la presión sobre la vaina, esta ya ha deformado
plásticamente, y en muchos casos, el largo que adquiere esta vaina superar
a las cotas correctas del cartucho. Si esto no ha sucedido así, es muy
probable que al realizar el recalibrado, la deformación plástica
que producimos también pueda provocar estiramientos, quedando la vaina
nuevamente fuera de medida, en cuanto al largo máximo se refiere.
Otro motivo de esta operación es poseer vainas con un largo idéntico.
Esto nos da uniformidad, regularidad y nos provee de la mejor base para la colocación
en similares condiciones de las puntas en todas las vainas. Este factor es importante
para lograr recargas parejas.
A no ser que conozcamos el largo exacto de nuestra recamara, se debe respetar
el largo máximo que por tabla se nos indica. Es raro aunque no imposible
de encontrar que una recamara tenga una largo menor al largo máximo que
por convención debe poseer la vaina, pero mucho mas común es encontrar
a una recamara mas larga de lo correcto.
Por lo tanto, el largo a que se cortara la vaina depende de estos factores:
- Si conocemos cual es el largo de la recamara, el largo de la vaina deberá
ser el mismo menos cinco décimas a un milímetro.
- Si no conocemos cual es el largo de la recamara o estamos recargando para
diferentes armas, habrá que mantenerse dentro de los valores que se indican
por convención.
Pero también puede darse el caso de que una vaina disparada y recalibrada
no exceda su largo máximo. En estos casos también creo que hay
que frentear a la vaina. Si bien esto acortara su largo, el motivo de trabajarla
se debe a que cuando la punta abandona al latón produce variaciones en
el material de la boca, dejándolo irregular. Por lo tanto, en una zona
en donde es importante que los metales sean uniformes y homogéneos, no
importara tanto perder algunas décimas de largo. Obviamente la quita
del material será la menor posible, solo la necesaria para obtener la
superficie adecuada.
Es oportuno aclarar que esta operación se aplica a cualquier tipo de
vaina, pero con mucha mas asiduidad a aquellas que poseen hombro. Es menos frecuente
que vainas rectas se alarguen, sobre todo aquellas que utilizan a las paredes
de la boca para asentar en recamara. Es muy común que en vainas rectas
se produzcan estiramientos en las primeras dos o tres recargas y después
el largo se mantenga estable. Por lo tanto habrá que controlar esto y
adoptar un método de trabajo acorde.
El dispositivo utilizado para realizar estas operación se denomina Trimmer,
y no conozco cual es su nombre concreto en castellano. Yo lo he bautizado fresita,
y no tiene nada que ver con cierta bebida que se toma en las fiestas.
Al igual que un torno paralelo, la fresita tiene un cabezal fijo en donde la
vaina queda firmemente sostenida por su culote. Hay modelos que cuentan con
un cabezal de similar concepción al que poseen los tornos de mordazas
autocentrantes, mientras que otros modelos utilizan planchuelas de metal con
forma de U. Lo que llamaría cabezal móvil del dispositivo consiste
en un eje que posee movimiento longitudinal y rotatorio que en un extremo posee
una herramienta de corte plano, mientras que en el otro extremo posee una manivela
para ejercer la rotación del conjunto. Los cabezales móviles mas
completos ( y también mas costosos ) vienen equipados con un motor eléctrico
que nos ahorra la operación manual de la maquina.
Lo primero que hay que saber antes de empezar es el largo a que queremos dejar
la vaina terminada. Cuando ya hemos determinado esto, hay que utilizar un calibre
para conocer el largo de cada vaina.
Tomando como ejemplo el recalibrado de un lote de vainas 30-06 Springfield,
a la que dejaremos con un largo de 63.3 mm. La primera vaina tiene un largo
de 63.8 mm. La colocamos en la fresita y comenzamos a trabajar el frente. Siempre
es bueno que nos sobre material, de esa manera se puede seguir trabajando. A
la inversa, no es posible alargar a una vaina que se ha acortado excesivamente.
Cuando la lectura del calibre nos indique que el largo de la vaina es de 63.4
mm debemos parar y colocar a la vaina separada del resto para el paso siguiente.
Lo mismo se hará con el resto del lote, hasta que todas las vainas posean
el mismo largo.
Las vainas trabajadas con la fresita aun no están listas, El resultado
del maquinado son cuellos llenos de rebabas y restos semi adheridos aun de latón.
El espesor de las paredes del latón es inaceptablemente grueso para poder
lograr un correcto asentamiento de la punta y para que el cartucho se aloje
adecuadamente en recamara.
Aquí interviene otra herramienta de corte, denominada Debourring Tool,
la que tampoco tiene una traducción exacta por mi conocida al castellano.
Esta herramienta posee en sus extremos filos, de tal manera que con el filo
de un extremo se puede trabajar las paredes interiores de la vaina, mientras
que con el otro lado se trabaja la pared exterior.
Esta herramienta correctamente utilizada, quitara todos los residuos y material
sobrante del maquinado anterior y dará a las paredes de la boca una terminación
correcta para poder asentar a la punta, como así también para
que la misma se despegue de la vaina al iniciarse la combustión. Además
esa décima de mas que dejamos en el largo al pasarla por la fresita será
consumida en esta operación. De esa manera se obtendrá una vaina
con el largo buscado y la terminación correcta de la boca.
Todavía falta una operación que por muy obvia, muchas veces se
pasa por alto. Es la de sacar los restos de material de adentro de la vaina,
como así también todo lo que ha quedado pegado en las paredes
internas del cuello. Con el mismo isopo seco que se uso para limpiar de lubricante,
o con un cepillo se trabaja esta parte del metal y se deja caer todo resto de
latón que se encuentre dentro de la vaina.
Expansión de la boca:
La boca de la vaina ha sido recalibrada y se han trabajado las paredes de la
misma para dejarla en condiciones optimas. Pero ese mismo trabajo ha hecho que
el diámetro de la boca sea demasiado pequeño para que la nueva
punta asiente dentro de esta, sin producir tensiones indeseables, o inclusive
abolladuras en el cuerpo de la vaina. Es necesario dotar a una pequeña
porción del cuello de la vaina de cierta abertura para que la punta pueda
ingresar cómodamente.
Esta operación es aplicable a aquellas vainas a las que no se les ha
expandido la boca al momento de introducirlas al die de recalibrado. En la gran
mayoría de las vainas de arma corta, y algunas de arma larga, esta operación
se realiza de manera separada. Para ello, el juego de dies esta compuesto por
un útil que específicamente se encarga de esta operación.
A pesar que esta operación es necesaria para evitar problemas en la vaina,
lo ideal sería que no tuviera que hacerse. Digo esto porque estaremos
trabajando una de las partes que más esta sometida a esfuerzos y por
otro lado, que es la menos resistente. En la boca, el espesor del latón
es el mas fino de toda la vaina, y ya ha sido sometido a la expansión
del disparo, la contracción del recalibrado, el recorte de la fresita
y el alisado del debourring Tool.
Realizar mal o exageradamente esta operación puede provocar que la boca
de la vaina se raje, y dependiendo del tipo y extensión del latón
afectado, en el mejor de los casos podremos usar la vaina un par de veces mas,
mientras que en el peor y mas probable, habrá que descartarla.
Por lo tanto, es muy importante saber que la expansión de boca deberá ser la mínima indispensable posible.
Nunca regulo el die de expansión de manera fija. La razón de esto es que al cargar con distintas puntas, la abertura de la boca deberá ser la indicada para esa punta que voy a utilizar en particular. Una vez conocido esto, la regulación en la prensa de este die es la siguiente:
- Si las vainas han sido
recortadas al mismo largo, se utilizara cualquiera de ellas. En cambio, de no
tener el mismo largo, o de ser vainas de diferentes orígenes, habrá
que usar la vaina mas larga de todo el lote. Si se usa una vaina corta, o de
diferente espesor de pared, cuando trabajemos a las mas largas, lo mas probable
es que la expansión en estas sea exagerada.
- Con la vaina seleccionada, la colocamos en el shellholder y enroscamos el
die en la prensa y vamos bajándolo y probando con la vaina hasta que
notamos que el vástago interior del die y la vaina toman contacto entre
sí. Con la punta que vamos a usar para cargar, hay que ir comprobando
como ingresa en la boca, y hay que enroscar el die y pasando a la vaina por
el hasta corroborar que la punta se posa sobre la boca sin caerse o torcerse.
En ese momento, hay que apretar las contratuercas que fijan al die y al vástago
interno ( solo con la mano ) y probar con otra vaina. Si todo esta en orden,
ya se pueden trabajar a todas las vainas.
- Cuando las vainas no tienen el mismo largo, al regular con las mas largas,
puede pasar que las vainas mas cortas no expandan la boca de manera adecuada.
A estas habrá que separarlas y volver a regular, bajando un tanto mas
el die. Siempre tomando la mas larga. Y así sucesivamente hasta lograr
que todas las vainas tengan sus bocas expandidas de manera adecuada.
- Con todas las bocas expandidas, habrá que hacer un examen ligero de
las mismas, para corroborar que no se han producido rajaduras. Este no es nada
fuera de lo común que suceda, y muchas vainas avisan que llegaron o están
muy cerca del fin de su vida útil en esta operación. De encontrar
alguna habrá que determinar si se puede o no volver a cargar.
Colocación del
Fulminante:
Salvo la vaina, los tres componentes restantes no pueden utilizarse mas que
una sola vez. El fulminante es uno de ellos. El mismo ha sido retirado en la
operación de recalibrado. Si aun no se ha limpiado el alojamiento del
mismo, este es el momento de hacerlo, siguiendo lo detallado en el segundo articulo
de esta serie.
Esta operación puede realizarse antes, al mismo tiempo o después
de la abertura de boca. En lo personal, yo prefiero que sea después,
ya que estamos manejando un elemento que es sensible a los golpes, y su reacción
ante ellos es explosiva. Si bien no he tenido nunca un estallido indeseado,
operando de esta manera se reducen los riesgos.
Existen dos maneras de colocar fulminantes:
El primero es utilizando los dispositivos que están adosados a la prensa.
Estos cumplen perfectamente su función, pero son un poco mas lentos y
dificultosos de operar. Yo he usado este sistema casi toda mi vida de recargador.
Los mas completos son aquellos que contienen un soporte adosado a la prensa
para colocar un tubo que tendrá los fulminantes colocados correctamente
dentro de el. Un brazo con su extremo en forma de copa, recoge los fulminantes
de este tubo y los presenta en la base de la vaina que esta colocada en el shellholder
para su colocación.
La copa que mencione anteriormente es la parte principal de este sistema. Las
paredes laterales se retraen manteniendo la alineación del fulminante
hasta que este hace contacto con la base de la vaina. Cuando esto ocurre, solo
la base de la copa empuja y asienta el fulminante nuevo dentro del alojamiento.
Desde el punto de vista del tamaño de esta copa, existen dos medidas
para cada tipo de fulminante. Small y Large para los fulminantes Boxer y Small
y Large para los Berdan. Estos últimos tienen un diámetro exterior
levemente superior a los primeros, y muchas veces no entran en las copas con
que se provee a la prensa. No significa que los sistemas descriptos no puedan
usarse, sino que habrá que colocar en la copa a cada fulminante a mano
y guiarlo hasta que haga tope con la vaina.
La operación de la prensa es a la inversa que las demás operaciones.
En lugar que el trabajo se produzca al bajar la palanca, este se produce al
subirla. Osea que primero hay que bajar la palanca, accionar el brazo que porta
al nuevo fulminante y la colocación se producirá al subirla.
Talves parezca exagerado explicar lo siguiente, pero no es la primera vez que
a mi o a cualquiera nos ha pasado de colocar un fulminante al revés.
Es difícil que pase esto cuando ponemos de a un fulminante por vez. Pero
al automatizar un poco el proceso, concretamente al cargar el tubo contenedor
de fulminantes, puede producirse que entre uno al revés y no nos demos
cuenta.
Existen bandejas en donde se colocan los fulminantes cuando los sacamos de su
envase. Si bien estas bandejas poseen un sistema para que el fulminante se pose
en forma correcta para ser cargado, yo prefiero acomodarlos con la mano, para
que sean introducidos en el tubo. Una vez que los fulminantes están adecuadamente
posados en esta bandeja, con el tubo en la mano, se utiliza un accesorio plástico
que tienen estos en un extremo para “pinchar” a los mismos. En realidad
lo que este accesorio hace es dejar ingresar a los fulminantes sin permitir
que se caigan del tubo una vez adentro. La regla es que si usamos el tubo, al
cargarlos debemos estar viendo la parte del fulminante que será atacada
por el percutor, nunca debemos ver el yunque. Por otro lado, nunca debemos sacar
mas fulminantes de los que vamos a usar. Si vamos a cargar 100 vainas, usemos
una caja completa, y si vamos a cargar menos, solo saquemos la cantidad justa
de su envase. Con esto se evita que anden dando vueltas fulminantes que después
no podamos identificar de que tipo son. Nunca se debe colocar a los fulminantes
a granel. Hay que mantenerlos en sus envases, los cuales están perfectamente
identificados.
El segundo método
de colocación se realiza a través de un dispositivo exterior a
la prensa. Puede ser fijo o móvil y todos son manuales. Yo he utilizado
el dispositivo móvil, concretamente el Lee, que es un dispositivo con
un plato para contener los fulminantes, un cuerpo con una palanca para accionarlo,
y un sistema para colocar a la vaina que se va a trabajar. La operación
es tan sencilla, que con solo ver el dispositivo no necesita mas palabras. Considero
que solo es necesario aclarar que la porción de los fulminantes que debe
verse en el plato de este sistema es el yunque, a diferencia del anterior en
que veíamos a la copa.
En particular con el sistema Lee, considero que un punto en contra es que no
permite utilizar el shellholder de la prensa, ya que usa uno especial. No se
como se venden en su país de origen, pero aquí se hace por separado,
y elevan bastante el costo del conjunto. Otros dispositivos como el RCBS, que
es fijo, utilizan el mismo shellholder de la prensa con el consiguiente ahorro
de dinero.
La posición del nuevo fulminante en el cartucho es crucial para lograr
un encendido adecuado y los resultados buscados en cuanto a rendimiento. No
se trata ni de hundir lo mas profundo posible ni de dejarlo flojo para evitar
igniciones inesperadas.
En los fulminantes del tipo Boxer que no han sido colocados, se podrá
ver que las patas del yunque sobresalen levemente de las paredes de la copa.
Cuando se coloca en el alojamiento con la presión justa estas patas deben
introducirse dentro de la copa y dejar que la boca del fulminante sea la que
asiente sobre las paredes de la vaina. Como poder comprobar esto es imposible,
lo mejor es aplicar la fuerza necesaria para introducir el fulminante pero sin
esfuerzos mayores. La parte del fulminante que será atacada por el percutor
debe quedar por debajo del nivel de la base de la vaina. De esta manera evitamos
que, ante una caída del cartucho, el fulminante se inicie, y al mismo
tiempo sabremos que así se ha logrado presionar al yunque hacia adentro.
Una aclaración que por repetitiva no deja de ser oportuna: Hasta la colocación del fulminante, todas las operaciones se realizaron sin manipular elementos explosivos. La vaina no es mas que un pedazo de metal. Pero al utilizar fulminantes frescos, aumentan los riegos de tener accidentes. Para quien nunca haya visto lo que un solo fulminante puede hacer, lo aliento a que en un lugar adecuado desde el punto de vista de la seguridad, cargue su arma con una vaina que solo posea su fulminante y la dispare. Se dará cuenta que el ruido es muy intenso, pero mas que nada el fuego que sale por la boca del caño a alta velocidad es capaz de dejarnos sin un ojo tranquilamente. Por lo tanto es necesario al manejar fulminantes frescos tener dos precauciones. Evitar los golpes y caídas es la primera. Y la mas importante es trabajar con suavidad, evitando cualquier fuerza excesiva para accionar los sistemas. Cuando notemos que la fuerza que estamos haciendo para colocar un fulminante es mas de la necesaria, mejor es parar y revisar porque esta pasando eso, porque es seguro que algo esta saliendo mal.
Hasta la próxima:
El próximo paso de la recarga es la colocación de la carga de
pólvora. Por si solo, este proceso es determinante en la obtención
de una carga buena y segura. Es por ello que prefiero hacer un alto aquí
y comenzar la próxima entrega explicando este paso.
Buenas Recargas..............
Rolando Mendez
Recarga: Desde el Principio – Parte 4:
Tenemos a la vaina, limpia,
rectificada, con su largo adecuado, con la boca expandida y el nuevo fulminante
correctamente asentado. Este es el momento de colocar dentro de ella, el combustible
que será el que produzca los gases necesarios para mover a la punta y
proyectarla.
Una vez, un primo hermano mío me contó la historia de un salteño
al que él le había vendido un Smith modelo 27 y que se recargaba
su propia munición. Era la época en que conseguir balanzas era
complicado por la falta de las mismas, además de por sus precios. Según
mi primo, este hombre le relató que la carga de pólvora la realizaba
con el “método científico del ojo atento“, lo que
significaba que con un embudo grande vertía Hercules 2400 hasta llenar
la vaina, después le sacaba un poquito y trataba de que todas las vainas
tuvieran la misma cantidad.
No sé si este salteño seguirá teniendo dicha arma, o si
aun posee todos los miembros de su cuerpo, pero este método descripto
es la mejor manera de no lograr recargas parejas y mucho menos seguras.
Por lo tanto, creo que la colocación de la pólvora en la vaina
no es algo que pueda dejarse a la seguridad que nos brinda el ojo, como así
tampoco hay que pensar que la complejidad del procedimiento semeja a la puesta
a punto de una nave espacial. Solo se necesita poner algunos de nuestros sentidos
en alerta al hacerlo, sobre todo el sentido común.
Por la importancia que la operación que explicaré a continuación
tiene en la obtención de una recarga, no solo buena sino segura, considere
que lo mejor era explicar a la misma por separado, asignándole todo una
entrega solo a ella.
La idea no es solo explicar el procedimiento, sino brindar una pequeña
introducción a lo que son los propelentes utilizados para la recarga
de cartuchería en la actualidad.
Pólvoras y Propelentes
de quemado progresivo:
Decir que fueron los chinos o el monje inglés Roger Bacon quienes inventaron
la pólvora es no solo imposible de asegurar, sino que escapa del objeto
de este articulo. En lo personal, considero que este invento fue desarrollado
como tantos otros, en donde en épocas contemporáneas y en diferentes
regiones del planeta, seres que no se conocían entre sí coincidieron
en obtener productos de similares características para similares aplicaciones.
La cuestión es que el Nitrato de potasio, el azufre y el carbón,
mezclados en las proporciones adecuadas son los primigenios minerales que hicieron
que yo escribiera estas líneas y que usted las lea.
Con el advenimiento de las vainas de fuego central, la carga de pólvora
negra en estos cartuchos comenzó a desarrollarse, y continuo el perfeccionamiento
en técnicas y equipos cuando los modernos propelentes comúnmente
denominados “ sin humo “ habían reemplazado a la clásica
“pólvora con humo”.
Cualquiera que estudie las diferencias que existen entre la llamada pólvora
negra y la mal llamada pólvora sin humo, notara de inmediato que la principal
ventaja de las ultimas radica en el hecho de que se puede variar la velocidad
de quemado y con esto lograr producir mayor entrega de energía en las
puntas con un arma que soporte el trabajo realizado. Esto es verdad, aunque
sería mas preciso decir que los “propelentes de quemado progresivo”
( una denominación que se ajusta mejor a lo que son las comúnmente
llamadas pólvoras modernas ) son mas flexibles en cuanto a su velocidad
de quemado que la pólvora negra, de lo que se deduce que esta ultima
no es totalmente inflexible a variar su velocidad de quemado. Quiero decir que
con pólvora negra puede variarse la velocidad de quemado de la misma
modificando el tamaño de sus granos. Es por eso que hoy en día
puede encontrarse diferentes tipos de pólvora negra, especialmente concebidas
para el uso en armas largas y cortas.
Si nos atenemos a la definición de lo que es un explosivo, en principio
es bueno definir que los propelentes de quemado progresivo no son explosivos
en el estricto significado del termino, sino que una mas acertada definición
sería la de deflagrantes, ya que en vez de liberar energía cinética
como lo haría un explosivo, los deflagrantes básicamente producen
y liberan gas y calor, con una velocidad de quemado muchisimo menor a la de
un explosivo.
Por esta misma cualidad, se ha denominado a los propelentes como explosivos
de muy baja velocidad de combustión, y si bien cualquiera de las dos
definiciones están bien, considero que la mas acertada es la primera.
Existen tres tipos de propelentes de quemado progresivo, que se diferencian
por su composición química:
• Propelentes de base simple.
• Propelentes de base doble.
• Propelentes de base triple.
A los efectos de mencionar los propelentes que con mayor frecuencia se usan,
describiré brevemente la composición de los primeros dos tipos,
ya que estos son los que se utilizan en la cartuchería de armas portátiles
y en la recarga de munición.
Los propelentes de base simple están compuestos en casi su totalidad
por nitrocelulosa, mas del 90 %, junto a compuestos estabilizantes como la difenilamina
y a otros compuestos que le proporcionan mejoras en la manipulación y
utilización como el grafito.
En los propelentes de base doble, la nitrocelulosa esta acompañada por
la nitroglicerina, además de los demás compuestos mencionados.
Desde el punto de vista del recargador, este tipo de propelentes entrega igniciones
mas intensas que las logradas con propelentes de base simple. También
he escuchado por ahí que se le atribuye a este tipo de propelentes un
desgaste mas intenso de los metales de un arma, aunque nunca he escuchado una
explicación razonable del porque.
Seguridad ante todo:
Antes de entrar en los procedimientos concretos de esta operación, creo
acertado enumerar y explicar las normas a tener en cuenta en lo que a seguridad
en el manipuleo y uso de los propelentes se refiere. El hecho de que los propelentes
no sean explosivos en la exacta definición de la palabra, no significa
que no sean peligrosos, si son mal manejados, o si son sometidos a condiciones
inapropiadas.
En las primeras líneas de este articulo mencione que el sentido común
es él más importante que debemos usar para no provocar accidentes.
Bien utilizado, el mismo hará que sigamos estos consejos:
• Fumar mientras
se maneja propelentes: Ni el ser humano mas ignorante de esta actividad desconoce
que las pólvoras y el calor se llevan bárbaro. Quiero decir que
todos saben las consecuencias de unir los 400 a 1000 grados centígrados
que puede alcanzar la brasa de un cigarrillo cuando esta en contacto con pólvora.
Un cuarto o medio kilo de propelente no van a explotar cuando se inicien dentro
de su envase, pero producirán suficiente calor y gas para quemar todo
el banco de trabajo incluyendo al recargador. Por lo tanto lo mejor es fumar
antes o después de cargar propelente, lejos del lugar de trabajo. Y si
las ganas llegan en la mitad del procedimiento, tomarse un recreo, alejarse,
y después seguir
• Manipular solo el propelente que se usara: Para cargar entre 50 y 200
cartuchos, la cantidad de propelente a usar es muy pequeña. Tomando la
carga de un cartucho medio de arma corta, la cantidad de propelente no superara
los 30 o 40 gramos para todo el lote a cargar. Entonces; ¿Para que tener
al alcance de la mano o de cualquier otro elemento, el medio kilo que trae el
envase? Si se usa tolva, cargarla. Si no, utilizar cualquier recipiente con
una buena base y sacar el propelente de ahí. El resto, guardarlo lejos
del lugar por donde andan nuestras manos.
• Mantener a los propelentes separados e identificados: Cada tipo de propelente
posee sus propias cualidades en cuanto a encendido y respuesta a la ignición.
Por lo tanto mezclarlos es obtener una respuesta absolutamente desconocida del
nuevo propelente. Y esto, dentro de un cartucho es una invitación a un
accidente. Por lo tanto, nunca se debe mezclar dos tipos diferentes de propelentes.
En el caso de que sea el mismo tipo, hay que distinguir el origen del propelente.
En general, los compuestos importados poseen características idénticas
en cuanto a comportamiento, y no hay problemas en mezclar dos lotes de un mismo
tipo de propelente. Pero en el caso de pólvoras nacionales, cada lote
no tiene una respuesta idéntica a la ignición. Por lo tanto, mezclar
dos lotes de, por ejemplo A2, es combinar las características de ambos
lotes, obteniendo un tercer comportamiento desconocido. Y nada desconocido es
aconsejable en recarga sin experiencia suficiente.
• Enfocar la atención: Aunque hayamos estado manipulando pólvora
desde hace ya 10 años y nos creamos que tenemos todo controlado, los
propelentes necesitan pequeños errores para provocar grandes problemas.
Mirar televisión o ayudar a nuestros hijos a hacer los deberes mientras
cargamos es la mejor manera de lastimarse, ya sea en el banco de recarga o en
la línea de tiro. Cuando manejamos propelentes o en cualquier otra operación
de recarga, la atención total debe estar dirigida hacia lo que se esta
haciendo.
Para aquellos como yo que viven en una casa pequeña y tienen hijos chiquitos,
hay que tomar conciencia que el tiempo en que se recarga es “nuestro tiempo”,
por lo tanto es necesario hacer de nuestro tiempo el uso adecuado sin andar
gritando o retando niños, perdiendo la atención en lo que estamos
haciendo.
• Evitar cargar con cansancio o estrés: En estos días en
que la gran mayoría de nosotros nos pasamos doce o quince horas trabajando,
no es buena idea llegar a nuestra casa y ponernos a recargar. Somos humanos
y por lo tanto el cansancio es algo natural en nosotros. Esto equivale a perdida
de atención y es la mejor formula para cometer errores. Me ha pasado
que muchas veces utilice a la recarga como terapia para alejarme de los problemas
diarios. Si bien en mi caso me parece que es mejor recargar que visitar a un
psicólogo, hay que saber diferenciar cuando se puede recargar en este
estado y cuando no.
• Contar con buena luz y aire fresco: Los seres humanos somos animales
que basamos nuestras acciones a través de los estímulos visuales
que percibimos. Esto significa que si no vemos bien, aumenta el riesgo de cometer
errores. El tallercito del fondo a las ocho de noche puede ser un lugar muy
oscuro, por lo tanto una buena luz encima del banco de trabajo nos permitirá
ver bien la pólvora que estamos introduciendo en las vainas. Por otro
lado, el aire viciado produce en nuestro cerebro lo mismo que el alcohol; lo
frena en la toma de decisiones.
• Estar sobrio: Si bien parece que es hilar demasiado fino, me ha pasado
estar en sesiones de tiro después de un asado, y la mayoría de
los participantes no gustan de acompañar a la molleja con leche descremada,
sino con un buen tinto. Algunos se pasan de la raya, y tomar un arma en esas
condiciones es una invitación al desastre para el que empuña o
terceros. Con el uso de pólvoras y la recarga en general, pasa lo mismo.
Así que si al llegar de una fiesta se acordó que al día
siguiente tiene que tirar por la mañana y debe recargar, mejor váyase
a dormir y levántese mas temprano para obtener esa munición.
Notará que ninguna de estas medidas de seguridad tienen que ver con complejos procedimientos, sino con el uso racional de la mente y de otros sentidos con que nos movemos continuamente. Siguiendo estos consejos, es muy raro que algo falle y provoque algún problema indeseado.
La colocación
del propelente en la vaina:
La carga de propelente no comienza cuando vertemos una determinada cantidad
del mismo dentro de una vaina, sino que empieza mucho antes. Ese momento es
cuando estamos pensando en la utilidad que le daremos a la recarga en que trabajamos.
Un ejemplo: Por su costo, yo no utilizaría pólvora importada para
agujerear cartones en el polígono. Tampoco recargaría “cañonazos”
para usarlos en la línea de tiro. En cambio si voy a usar la carga para
cazar, buscaría la manera de encontrar una carga bastante fuerte, teniendo
en mente en que animal la voy a usar. Si la recarga es para tiro de precisión,
utilizare los propelentes mas adecuados para lograr este propósito.
Mas allá de que cada recargador puede confeccionar el tipo de recarga
que quiera para cualquier actividad de tiro, los factores arriba enumerados
nos condicionan a la hora de decidir cual será el propelente que usemos.
Por otro lado, el sistema de armas que se use también condiciona el tipo
de propelente que se va a usar. Las armas con sistema automático de funcionamiento
son mas sensibles al uso de determinados propelentes que las armas de repetición.
Esto hace que ciertos sistemas no funcionen adecuadamente con determinadas pólvoras.
Por ejemplo; se puede cargar .45 ACP con Hercules 2400 ( un propelente muy lento
para arma corta ), pero las velocidades de punta no superaran los 650 p/s y
puede provocar fallas de expulsión o alimentación del arma. Esto
significa que esta recarga no será la adecuada para defensa en donde
se busca ante todo que los sistemas no fallen. El otro extremo es que se puede
cargar .44 Magnum con A2 ( propelente rápido para arma corta ), pero
la velocidad de las puntas será mucho menor a la estándar del
calibre dentro del rango de presiones de trabajo normales. No se producirán
problemas de funcionamiento del arma al usar este propelente, pero obtendremos
una recarga para divertirnos, no para cazar o tirar a largas distancias.
De todo esto se desprende que es necesario para lograr lo que se desea, estudiar
las características de los diferentes tipos de propelentes, y de esa
manera conoceremos cual es el mas indicado para la tarea que queremos realizar.
Existen dos maneras de decidir que propelente se va a usar y cuanta cantidad
se va a colocar:
• La primera es utilizando las tablas que todos los fabricantes proveen
• La segunda es a través de la experiencia adquirida en el uso
de estos propelentes.
Esta ultima es consecuencia de la primera. Quiero decir que nadie puede dispensar
pólvora por la intuición que le da la experiencia que no posee,
si esta dando sus primeros pasos en la recarga de munición.
Por lo tanto mi recomendación es que hasta que no se este seguro de lo
que pasara cuando se varíen los parámetros de las tablas, no se
alejen de lo que ellas recomiendan.
El porque de esta afirmación es la siguiente: En todo diseño de
un cartucho, uno de los valores mas importantes que se determina es la presión
de trabajo máxima. Acorde a este esfuerzo a que se someterá al
conjunto de cartucho y arma, los diseñadores dimensionan todo el sistema
para que lo resista. Las tablas de recarga fueron publicadas basándose
en experimentación con modernos equipos para medir la presión
que las recargas generan, los que generalmente están fuera del alcance
del recargador común. Por lo tanto, exceder estas presiones es un factor
que puede provocar roturas o desgaste prematuro de los sistemas.
Otro importante punto a saber es una cuestión física, que palabras
mas o menos, nos dice que la generación de presión no es lineal,
sino exponencial. Esto significa que si con una carga determinada la presión
que se genera es de, digamos 25000 psi, al aumentar la carga de propelente en
un 10 %, la presión no se elevara de igual manera en un 10%, sino que
será mucho mayor el incremento. Como esto no es cuantificable sin el
equipo adecuado, solo podemos conjeturar cual fue ese aumento sobre la base
de señales subjetivas que pueden estar bastante lejos de la realidad,
provocando accidentes.
Tratare de describir con un ejemplo, cual es el criterio a seguir para aquel que empieza a recargar un cartucho por primera vez y no posee experiencia en la materia:
Calibre a recargar: .45
ACP con una punta de plomo de 230 grains.
Objetivo: Tiro de esparcimiento en polígono o en el campo.
Prestaciones buscadas: Las normales para el calibre.
Costos de la recarga terminada: El menor posible.
Por lo tanto, para obtener
una recarga que se ajuste a estos parámetros, lo que yo haría
es buscar una pólvora de origen nacional, lo que me garantiza un costo
bajo y que me entregue las prestaciones necesarias para que la punta tenga las
velocidades normales del calibre, dándome una precisión aceptable
y asegurándome que la pistola que se use funcionara sin problemas, en
lo que al propelente se refiere.
Buscando información sobre las pólvoras que reúnan estas
características, encuentro que la FM A22 B esta casi en estos parámetros.
Si no encuentro información también se puede consultar con el
vendedor de las mismas, aunque sugeriría que sea de confianza, ya que
algunos en su afán de vender, “tuercen un poquito la verdad”.
Seguramente donde se consigue el propelente, también se podrán
conseguir las tablas de recarga de este, sin cargo adicional. En ellas se indica
claramente que para el cartucho .45 ACP con un peso de punta determinado, se
deberá colocar una x cantidad de propelente, con lo que se lograra que
la punta vuele a una velocidad determinada en el caño que se haya usado
en esa medición y generándose una presión de trabajo también
determinada. Aquí hay que hacer una aclaración muy importante.
Muchas tablas indican cargas únicas de pólvora, mientras que otras
indican un valor mínimo y otro máximo. En cualquiera de los dos
casos, los valores mas altos deben ser tomados como los máximos, sin
aumentar estos parámetros.
Otra regla muy sensata a usar es la del 5 -10%. Esto significa que se puede
comenzar a dispensar propelente con un peso inferior en un cinco o diez por
ciento al valor máximo de tabla. De esa manera, con la experimentación
en tiro se conocerá el comportamiento de la misma y se evaluara si se
puede o no elevar la carga. Importante: Hay pólvoras, que por su comportamiento
no permiten reducciones y tampoco aumento del peso de la carga. Esto esta claramente
expresado en todas las tablas de recarga de las mismas, y obviamente no es recomendable
aplicar la regla del 5 -10% con ellas.
Llegado el momento de conocer cual será la cantidad de propelente a colocar
dentro de la vaina, las tablas que provee Fabricaciones Militares nos indica
que para la punta de plomo de 230 grains de peso, la carga de pólvora
A22 B mayor a usar es de 4.7 grains, la que según la tabla movilizara
a la punta a 794 p/s de velocidad desde un caño de 5” de largo
con una presión de trabajo de 16428 psi. Si bien la velocidad es un tanto
menor a la estándar del calibre ( que ronda los 850 p/s para la misma
punta ), para los fines que buscamos del cartucho es mas que suficiente.
Quien haya llegado hasta aquí en la lectura y posea un poco mas de experiencia
en recarga del cartucho en cuestión sabrá que esta es una carga
“suave”, ya que la presión máxima de trabajo de este
calibre es de 21000 psi, o sea que estamos produciendo cartuchos que generan
unos 4500 psi menos. Pero solo con instrumentos de medición adecuados
o mediante complejo calculo podrá saberse a ciencia cierta cual será
el incremento de presión si aumentamos la carga de propelente. Por lo
tanto, para el recargador que recién empieza, es mejor quedarse en la
seguridad de que la carga de tabla será la más segura a adoptar,
al menos hasta que conozca como leer los indicios de sobrepresión en
las vainas disparadas.
Métodos para dispensar
propelente:
A la hora de colocar la cantidad exacta de propelente dentro de todas las vainas
que vamos a cargar, existen dos métodos para hacerlo. Ambos trabajan
por volumen de propelente. Estos son:
• Medidas fijas: En la primera serie de notas he explicado en forma general este procedimiento, y si bien aún se producen los dispositivos para utilizar este método, por ser sumamente engorroso de utilizar, esta perdiendo vigencia rápidamente. Por lo tanto no me extenderé mas sobre el.
• Conversión de volumen a peso: Esencialmente, este método consiste en pesar el volumen de una determinada cantidad de propelente. Para ello se utiliza una balanza de extremada precisión, que pueden llegar a medir seis milésimas de gramo. En todos aquellos países en que se utiliza el sistema métrico de unidades, se utiliza el gramo como medida de peso. En cambio, los países que utilizan el sistema inglés han adoptado como medida de peso el Grain, lo que facilita el manejo mental y práctico de los valores. Esta unidad es actualmente la que mayor aceptación tiene, porque evita el tener que manejar decimales a la hora de cargar. La equivalencia entre las unidades métricas y sajonas es que un gramo equivale a 15.43 grains.
Existen dos maneras de
dispensar propelente pesando un determinado volumen: El manual y el que se realiza
través de tolva.
El primero de ellos no es mas que colocar con alguna cuchara o elemento acorde
la cantidad de propelente buscado para luego de pesarlo, introducirlo en la
vaina. Aunque parezca tedioso, este es un sistema muy preciso cuando se recarga
arma larga, en donde la cantidad de cartuchos a cargar es pequeña y lo
que se busca no es velocidad de recarga sino la exactitud en el peso de propelente.
El verter propelente con tolva tiene la ventaja sobre el sistema manual en ser
mucho mas veloz, ya que al regular la tolva adecuadamente, por cada accionamiento,
la misma tirara el mismo peso de carga. Esto es ventajoso cuando se esta trabajando
sobre lotes de 50 o mas vainas, especialmente de arma corta. No entrare en detalles
sobre el diseño de la tolva ya que lo he explicado en la primera serie
de notas sobre este tema. Solo quisiera mencionar algunos procedimientos para
obtener un mejor rendimiento de la tolva:
• Colocar propelente en el recipiente hasta cubrir la ¾ parte de
su altura.
• Nunca dejar que el nivel de propelente en el recipiente baje de ¼
de su altura. O sea, trabajar entre la ¾ y la ¼ parte de altura.
• Los primeros tres o cuatro accionamientos de la tolva descartarlos.
Con esto nos aseguramos que el cilindro de la misma se cargue completamente.
• Trabajar con la tolva y la balanza en conjunto mientras se esta regulando.
Por cada accionamiento de la tolva, el propelente obtenido debe ser pesado.
• Accionar a la palanca de la tolva de forma similar. No debe ser ni violento
ni lento, debe ser un accionamiento normal y siempre igual.
• Cuando se haya conseguido que la tolva tire la cantidad deseada de propelente,
se debe apretar la contratuerca del tornillo regulador para evitar desajustes.
Esto debe hacerse a mano, no con herramientas.
• Los primeros cinco o diez accionamientos hay que continuar pesando una
por una a las cargas, para corroborar que efectivamente la tolva esta tirando
la cantidad deseada. De no ser así habrá que verificar todo de
nuevo.
• Si luego de 5 o 10 tiradas los pesos de propelente son los mismos, se
puede verter directamente sobre las vainas, y controlar cada diez tiradas, pesando
alguna al azar.
Es muy frecuente con
ciertos tipos de propelente que la tolva se trabe en su recorrido y que dispense
cantidades incorrectas. Con estas pólvoras, lograr pesos idénticos
en cada carga muchas veces se torna imposible.
Frente a esto lo mas aconsejable es utilizar el método manual de carga
o bien regular la tolva para que tire menor cantidad de la deseada. Habrá
que pesar una por una las cargas y completar el peso deseado tirando propelente
con una cuchara o elemento acorde, o bien utilizar un accesorio denominado Powder
Tricker, el cual puede dispensar propelente prácticamente de a un grano
a la vez.
Uso de la balanza:
Actualmente existen dos tipos de balanzas para pesar propelentes: Las mecánicas,
que trabajan por comparación y las electrónicas, que convierten
el peso en estímulos eléctricos y por medio de la electrónica
se los procesa y nos da un resultado.
Por su costo, por lo menos aquí en el país las balanzas del primer
tipo son las que prevalecen, por lo tanto explicare escuetamente el uso de estas.
Las balanzas mecánicas constan de un bastidor que en un extremo poseen
un soporte de diamante donde se posan los soportes de la escala y en el otro
extremo constan de un punto fijo de medición. Dentro del cuerpo del bastidor
están ubicados imanes que disminuyen la oscilación de la escala
cuando se le aplica el peso a medir.
La escala puede estar dividida en dos o tres subescalas, que pueden medir de
a 5 o10 grains ( la mayor ) hasta la décima de grain ( la menor ).
Como todo elemento de precisión, el cuidado y mantenimiento de la balanza
es fundamental para que brinde mediciones correctas. Algunas medidas para prevenir
fallos son:
• Mantener en lugar seco y fresco.
• Si no esta en uso, desarmar la balanza y guardarla en su envase.
• Limpiar las bases de diamante y los soportes de la escala cada vez que
se va a usar.
• Puede suceder que en ciertas condiciones haya que retirar los imanes
para evitar que los campos magnéticos que estos generan no brinden lecturas
incorrectas.
• Las balanzas no están hechas para pesar mas de lo que deben.
Así que si su balanza tiene un peso máximo de 520 grains y quiere
pesar una punta de calibre .50 o 600 Nitro, no le agregue ningún peso
conocido adicional en la punta de la escala. Consígase otra balanza que
si pueda.
• La balanza debe trabajar sobre un lugar firme y sin vibraciones. Por
lo tanto no es aconsejable posar a la misma sobre el mismo banco en donde esta
asentada la prensa, ya que esta ultima produce vibraciones que, en el mejor
de los casos descalibran al instrumento de medición, y en el peor la
dejan inservible.
Lo primero que hay que
hacer antes de usar un instrumento como estos es ponerla a cero. Para ello,
se colocan todas las escalas a cero, y luego se posa el plato sobre su soporte.
La escala oscilara y se detendrá en un punto que puede estar encima,
a la misma altura, o debajo del punto de medición. Una de las patas de
la balanza permite elevar o bajar el punto de medición y habrá
que accionarlo hasta hacer coincidir a este con la escala. Una vez hecho esto,
hay que levantar el plato de su lugar, volverlo a posar, y verificar que coincidan
de nuevo los puntos de medición. De no ser así, habrá que
repetir la operación, hasta que, luego de varios intentos estos puntos
coincidan.
En un instrumento tan sensible, el viento, aunque mas no sea una leve brisa,
provocara lecturas erróneas, por lo tanto, y aunque parezca innecesario,
nunca esta de mas verificar este punto.
Con la balanza regulada, hay que mover los contrapesos de las escalas hasta
la medida deseada y comenzar a trabajar en forma manual o con la tolva para
obtener la medida de propelente deseado.
La Carga Doble:
Esta no es mas que la introducción de dos cargas de propelente en una
sola vaina. Dependiendo de las características del propelente a usar,
puede suceder que estos ocupen una muy pequeña porción del volumen
interno de la vaina. Y por distracción, por un sistema inadecuado de
trabajo, o por varias causas mas, no es nada fuera de lo común que esto
suceda. Las consecuencias de una carga doble son, en la gran mayoría
de los casos, desastrosas, y no es necesario explicarlas para comprenderlas.
Aunque parezca de mas explicarlo, la principal consigna de las cargas dobles
es que estas NUNCA deben ocurrir. Y hay muchas maneras de evitarlo.
La mejor forma de evitarlo es siguiendo las recomendaciones de seguridad en
general. No distraerse, no recargar cansado o ebrio, poseer buena luz para ver
que se hace, y ante la menor duda, vaciar el propelente que se encuentra dentro
de la vaina y pesarlo.
He visto que muchos recargadores utilizan las bandejas porta vainas, colocando
las bocas de las vainas hacia arriba y presentando cada boca en la tolva mientras
la acciona. Este método me parece muy poco fiable porque cuando se esta
cargando las vainas que se encuentran en el medio del porta vainas se puede
perder la noción de sobre cual cargamos y cual no. Además esto
puede provocar otro problema, como es la falta de carga de propelente en una
vaina. Cuando esto pasa, la detonación del fulminante hará que
la punta ingrese en el caño, y no salga. Y el resultado, si no nos damos
cuenta en el disparo siguiente de esto, será en el mejor de los casos
un hermoso caño “englobado” y la perdida de nuestra arma.
Por lo tanto considero que el método mas seguro es el siguiente:
• Al efectuar la colocación del fulminante, colocar a la vaina
en el porta vainas con el fulminante hacia arriba.
• Tomar de una vaina por vez y colocarle el propelente.
• No hay otra manera de colocar la vaina que ya contenga pólvora
en el porta vainas que no sea con su boca hacia arriba.
• Así tendremos a las vainas con pólvora con la boca hacia
arriba y las que aún no lo tienen con el fulminante hacia arriba, por
lo tanto no nos podemos equivocar.
• Una vez que se termino de cargar a todas las vainas, hay que colocar
el porta vainas debajo de una luz y verificar que la altura de pólvora
dentro de cada una de las vainas sea la misma.
• Ante la menor duda, hay que vaciar el contenido de esa vaina y pesar
el propelente.
Ya falta poco:
Aún quedan varias operaciones por realizar, pero los pasos para la obtención
de nuestra propia recarga están llegando a su fin.
El próximo articulo tratara el asentamiento de la punta, el cierre del
cartucho y las comprobaciones finales.
Buenas recargas.
Rolando Mendez
Recarga: Desde el Principio – Parte 5:
Con la vaina con su carga de propelente en el interior y el resto de las operaciones que se han realizado en ella, todo esta listo para introducir a la punta, la que nos mostrara luego del disparo si lo que estuvimos haciendo hasta el momento es correcto.
Las Puntas- Un poco de
historia:
A lo largo de la historia las puntas de un sistema de armas han tenido variadas
formas, pesos, y materiales con que han sido confeccionadas. Todas estas variables
siempre han sido objeto de estudio y perfeccionamiento y esto no se detendrá
nunca para lograr que el sistema sea cada vez mas efectivo en la realización
del trabajo buscado. A pesar de todo el conocimiento adquirido y los recursos
volcados a estos desarrollos, lejos se esta de poder predecir con exactitud
que es lo que hará una punta cuando llega a su blanco.
Lo que sigue es un poco de la historia en el desarrollo de las puntas para sistemas
de armas:
El plomo es un metal
que en la época en que se empezaron a desarrollar las primeras puntas
reunía una serie de características ideales para poder trabajarse
con la tecnología disponible de aquellos años. No son necesarias
altas temperaturas para cambiar de estado sólido a liquido, es económico,
se le puede dar las formas deseadas sin grandes esfuerzos y cuenta con un alto
peso especifico.
Las primeras puntas eran esferas de plomo, lo que representaba una considerable
mejora en las características balísticas del ingenio si se lo
compara con lo que se usara hasta ese momento, las piedras, y también
contenían mas energía que las flechas. Sin embargo, las prestaciones
que podían obtenerse con esferas en cuanto a alcance era bastante limitada.
Haciendo un salto de varios siglos en la historia, la forma esférica
de las puntas dio paso a las ojivas, que cortaban mucho mejor el aire y por
ende se podía dispara mas lejos con precisión.
A diferencia de los fulminantes y vainas, el binomio propelente – punta
existe desde la misma creación de las armas de fuego. En busca de optimizar
el sistema de armas muchos diseñadores se abocaron a la tarea de colocar
la carga de propelente y la punta unidos, y así reducir los tiempos de
carga de un arma. Para ello, se busco diseñar en las puntas ojivales
una cavidad interna que contenga el propelente, o sea que, dejando volar la
imaginación, en cierta época de la historia, las puntas también
fueron vainas. Con el tiempo, las “ puntas-vainas” fueron cediendo
terreno antes las vainas de papel y de metal. La forma de las puntas se modifico
para que las vainas pudieran sostenerlas. En un primer desarrollo, las puntas
poseían el mismo diámetro exterior que las vainas que lo contenían.
Esas fueron las épocas en que podía decirse que un calibre .36
era de verdad un .36; un .22 era un .22, etc. Aunque esta etapa de la historia
en el desarrollo de la cartuchería parezca superada, la misma esta vigente
hoy en día, ya que hay un cartucho que es el rey indiscutido a nivel
mundial que aún utiliza este sistema de puntas. Me refiero al .22 Long
Rifle, el cartucho de mayor uso del mundo, cuyo consumo supera a la suma de
todos los demás cartuchos.
En la segunda mitad de la década de 1860, la invención de los
cartuchos de vaina metálica y fuego central, modifico la forma de las
puntas y el sistema de engarce entre estas y la vaina que lo contenía.
Esta es la época en donde las vainas con un diámetro de, por ejemplo,
.38” montaban puntas de menor diámetro, ya que si estas ultimas
tuvieran el mismo diámetro no cabrían dentro de su alojamiento.
El hecho de que las denominaciones de los nuevos cartuchos no se modificara
a pesar de la disminución del diámetro de las puntas se debe a
una cuestión comercial, ya que para el usuario habitual de armas de aquella
época, el cambiar de su fiable .38 a un desconocido y no probado .357
podía inducirlo a no consumir el nuevo producto. Sin embargo el nuevo
cartucho que contenía a su punta introducida en gran parte de su longitud
dentro de la vaina perduro y es el mismo que nosotros utilizamos actualmente.
Lo que no había tenido ningún tipo de modificación en toda
esta evolución era el propelente utilizado. La pólvora negra seguía
siendo el combustible dentro de las nuevas vainas metálicas con sistema
de fuego central. Por lo tanto las velocidades que poseían las puntas
eran bajas. Y debido a esto, el plomo seguía reinando como el metal con
las mejores características para obtener puntas.
Todo esto cambio cuando a fines de la década de 1880, hicieron pie fuerte
los nuevos propelentes de quemado progresivo. Los expertos de la época
se dieron cuenta que las puntas mas livianas y de menor diámetro podían
ser lanzadas con mayor energía que las pesadas puntas de plomo empujadas
por los gases de la pólvora negra. Pero una de las cualidades del plomo
que había sido muy apreciada en los comienzos, ahora se convertía
en un problema. Me refiero a la baja temperatura de fundición del mismo.
Con la mayor temperatura que producían los nuevos propelentes unido a
la mayor velocidad, se descubrió que el plomo fundía dentro de
los caños, dejando gran cantidad de residuos dentro del mismo y perdiendo
propiedades balísticas. Además, la acumulación de plomo
dentro del caño tornaba inseguro al sistema con el correr de los disparos.
La solución que se tomo fue reducir el diámetro de las puntas
de plomo, y dotarlas de una envoltura de un metal o aleación, mucho mas
resistente a los nuevos esfuerzos del disparo. Así nacieron lo que hoy
en día se conoce como puntas encamisadas.
Así se obtuvo una punta que resistiera los avances de la tecnología.
Sin embargo la balística terminal cambio radicalmente. Las pesadas y
gruesas puntas de plomo animadas de poca velocidad y energía que antes
“volteaban” a los blancos habían sido reemplazas por livianas
y veloces puntas que “agujereaban” sus objetivos. Los ingleses,
en aquella época potencia colonialista guerrera, buscaron la manera de
voltear objetivos, partiendo de puntas que agujereaban, logrando los primeros
avances en la india. Allí se desarrollaron puntas que son los primeros
pasos de lo que actualmente se consideran puntas expansivas. Estas puntas recibieron
el nombre del arsenal en donde fueron desarrolladas, el cual se llamaba “
Dum Dum”.
Para finalizar con esta reseña, las puntas modernas poseen diseños
en los cuales se combina al siempre presente plomo con aleaciones de cobre,
zinc, acero, y poseen diversas formas y funciones especificas, desde las totalmente
encamisadas, para uso militar, hasta las de expansión controlada, prefragmentadas,
incendiarias, perforantes, fumígenas, etc.
Las puntas fundidas de plomo no se han retirado de la escena. Hoy en día
se lo ha combinado con distintos metales para formar aleaciones que poseen mayor
resistencia a los esfuerzos y las temperaturas, se han moldeado a las puntas
para que contengan lubricantes que reducen los desgastes que las estrías
de un caño generan, se le han adosado copas metálicas a la base
de las mismas, o se ha dotado de baños de otros metales que cumplen la
misma función que los lubricantes. Como en los inicios, las puntas de
plomo siguen siendo muy aceptadas por su bajo costo y en nuestro país
son una opción mas que interesante para la producción de cartuchos
no solo para tiro de recreación, sino también para otros usos
como la caza y la defensa personal.
Características
de una buena punta:
En las líneas superiores he mencionado solo algunos tipos de puntas,
cada una de ellas diseñada para una función terminal especifica.
Mas allá de que la forma de entregar energía en un blanco difiera
entre estos tipos de puntas, desde el punto de vista de la balística
interior, o sea mientras la punta se encuentra dentro del arma, debe reunir
ciertas condiciones que son comunes a todas ellas. Algunas son muy obvias, pero
no por ello son menos importantes si lo que se busca es que el arma le entregue
la mayor cantidad de energía y dirección posibles.
• Diámetro correcto: Esto que parece obvio, en muchos casos en
que no se obtiene de las recargas los resultados esperados, son el motivo de
nuestros problemas. En casi la totalidad de los casos se da por descontado que
el diámetro de la punta es el correcto para el diámetro del caño
que se va a usar y quien gusta de hilar fino en este tema se sorprenderá
de saber la cantidad de veces que esto no es así.
Como primera medida hay que mencionar que la punta debe tener el diámetro
necesario para que al pasar por el caño, este le imprima un giro sobre
su eje, cosa que se logra forzando el paso de la punta por el mismo. Entonces,
si la punta entra forzada al caño, alguno de los dos diámetros,
el de la punta o del caño, debe ser mayor o menor al otro.
Si tomamos como ejemplo a un caño y punta de .308” de diámetro,
al que popularmente se lo conoce como
7.62 mm., vemos que en realidad la punta tiene un diámetro de 7.82 mm.
En un caño estriado existen dos superficies de contacto con la punta.
Los macizos y los valles. Cada cual tiene un diámetro distinto. El diámetro
medido entre valles o fondo de estría es de 7.82 mm., mientras que el
diámetro entre macizos es de 7.62mm. Por lo tanto, cuando una punta entre
al caño, será contenida por los valles del mismo, mientras que
los macizos, de menor diámetro entre sí, la forzaran a girar.
Si la punta tuviera un diámetro incorrecto, sea este mayor o menor, las
consecuencias que pueden darse parten desde desintegración de la punta,
aumento de presión de trabajo, rotura del arma, erosión prematura
del anima del caño, mala estabilización de la punta y perdida
de precisión, solo por mencionar algunas.
• Resistencia adecuada a los esfuerzos sometidos: El forzar a una punta
por dentro de un caño implica que para que la misma pueda pasar deba
deformarse. Por lo tanto, el metal que la compone debe permitir y soportar este
esfuerzo. Esto también parece obvio, pero es importante ya que existen
muchisimos tipos de puntas con diferentes durezas (aunque ninguna es tan dura
como el caño que las proyecta) y este es un factor a tener en cuenta
cuando empezamos a pensar en la vida útil del caño del arma. A
mayor dureza el rozamiento entre metales provocara mayor desgaste entre sí,
y esto puede afectar a las cualidades balísticas de la punta como a la
integridad del caño del arma. He visto puntas que se confeccionan partiendo
desde una barra de bronce. Estas puntas son mucho mas duras que las confeccionadas
con latón y plomo, y por lo tanto provocaran un desgaste prematuro del
caño.
La presión y temperatura que recibe la base y los laterales de una punta
son altísimos. El material de la punta debe mantener su estado sólido
sin que este se modifique en la medida de lo posible.
• Adecuada y uniforme superficie de contacto entre punta y caño:
Mas allá de que el diámetro externo sea el mismo, dentro de un
mismo calibre, se pueden encontrar puntas con variadas formas. Pero todas ellas
deben respetar un parámetro que relaciona al calibre, a la velocidad
estimada que se le dará y al peso de estas para determinar cual debe
ser la superficie mínima que una punta debe tener en contacto con el
caño. Una punta con menor superficie probablemente no tendrá buena
precisión, mientras que una superficie de contacto excesiva puede provocar
lo mismo por estar sometida a esfuerzos que la deformen mas allá de lo
indicado.
El asentamiento correcto
de una punta:
Antes de comenzar con la descripción de los procesos necesarios para
asentar una punta me parece correcto explicar cuales son las características
necesarias que deben tener las mismas cuando están ubicadas dentro de
una vaina.
• Coincidencia de ejes: La línea formada entre el percutor y el
eje longitudinal de la punta debe coincidir con el axis del caño. Puede
suceder que la punta haya asentado en la vaina torcida y esto provocaría
que la misma, al desprenderse ingrese incorrectamente en el caño, por
lo tanto, perderá estabilidad de vuelo y precisión.
• Profundidad de asentamiento adecuada: Dependiendo de la forma y el peso,
existen márgenes entre los cuales se debe asentar a la punta. Desde las
puntas wadcutter que se introducen en su totalidad dentro de la vaina, hasta
las espitzer, estos márgenes deben ser respetados para evitar principalmente
dos problemas: Una punta introducida en demasía es probable que termine
en el interior de la vaina suelta. Esto provocara que el propelente se pierda
por la boca y con seguridad se obtendrá un cartucho de velocidades erráticas
y mala precisión. En el otro extremo, una punta asentada muy por fuera
de la vaina se convertirá en un cartucho desarmado, a no ser que se dispare
en armas monotiro. Por efecto de la inercia de los disparos, la punta tendera
a salirse, lo que puede provocar trabas y derrames de propelente. La experiencia
me ha enseñado que con puntas de base plana, lo mínimo que hay
que introducirlas es 1/3 de su largo, mientras que las puntas cola de bote requieren
una mayor profundidad, tratando de que no sobrepase la mitad de su largo.
• Presión uniforme de las paredes de la vaina sobre la punta: Esta
cualidad no se logra en el proceso de colocación de la punta, sino antes,
al trabajar a la boca de la vaina. Al terminar la boca con el trimmer. Se puede
lograr mayor precisión mediante instrumentos de medición del espesor
de las paredes de la boca y con su correspondiente trabajado posterior. También
influye la apertura de boca que hagamos, para evitar que la vaina se “
arrugue”.
• El menor crimp posible: El termino crimp no tiene una definición
exacta en castellano, y consiste en el doblez que se realiza en los bordes de
la boca de la vaina para impedir cualquier movimiento de la punta. Mi maestro
siempre me ha dicho que el crimp es “un mal necesario“, y se debe
evitar en toda situación que se pueda. Con excepción de los cartuchos
que utilizan la boca de la vaina para asentar en recamara puede ser utilizado
en el resto. En aquellos cartuchos de arma larga producidos con fines militares
es común percibir el crimp con que se los dota para evitar que el movimiento
de la punta trabe armas. También se evita que elementos externos ingresen
en la cavidad reservada al propelente. Pero ahí se terminaron las ventajas;
El crimp produce un debilitamiento prematuro del metal que compone la boca de
la vaina, y es por lo general el responsable principal de las rajaduras que
se producen en esa zona. Si bien puede provocar la ganancia de unos pocos pies/segundo
mas de velocidad en cartuchos que queman pólvora lenta, cuando se desprende
la punta de la vaina en el momento del disparo nunca lo hará de la misma
manera que los cartuchos que no lo poseen. Esto se traduce en perdida de prestaciones.
Freebore de un cartucho:
La traducción literal de este termino es la de “caño libre”.
Traducido de una manera mas comprensible al castellano, el Free bore de un caño
es la porción de caño libre de estrías, que comienza en
el fin de la recamara y finaliza cuando comienza el estriado del caño.
Esta es una distancia fija.
Sin embargo, desde el punto de vista del asentamiento de la punta de un cartucho
en particular, una definición mas acertada sería denominar como
free bore de un cartucho al espacio de caño libre de estrías,
desde el inicio del rayado hasta el lugar donde la ojiva de la punta esta en
contacto con el caño. Esta distancia es variable, ya que depende de cada
punta en particular. Hay que hacer la salvedad de que no deberemos preocuparnos
del freebore cuando el objetivo de la recarga es ser disparada por cualquier
arma. En este caso, simplemente habrá que respetar el largo máximo
del cartucho y con eso es suficiente.
Pero cuando lo que se busca es optimizar la recarga para un arma en particular,
la cosa se complica, aunque no mucho. Lo ideal es que cuando el cartucho esta
asentado en recamara, la punta ingrese sobre la porción lisa del caño
y quede alojada entre uno y dos milímetros por detrás del inicio
del rayado.
Todas estas definiciones son muy lindas, pero ¿ Para que sirve producir
un cartucho con el free bore adecuado?
Líneas arriba he descripto que cuando la punta entra en contacto con
las estrías el rozamiento aumenta ya que las diferencias de diámetros
entre ellos lo provocan. Este aumento del rozamiento provoca que la punta se
frene en su avance. Si el estriado comenzara exactamente al final de la recamara,
al momento del disparo, la punta se mantendría por mucho mas tiempo quieta
mientras la presión se eleva. Esto elevaría el pico de presión
a niveles mucho mas altos y exigirían mas resistencia de parte del arma.
Pero esto no es la principal razón: La primordial es que de no existir
el free bore, no se podría introducir un cartucho en recamara, sin realizar
un gran esfuerzo para “clavar” a la punta en la estría y
hacerla rotar. Y muy probablemente se produzcan deformaciones en el cartucho
por haber estado sometido a estos esfuerzos parásitos.
Pero si la distancia entre la punta y el comienzo de la estría es excesiva,
cuando se produzca el disparo, la punta viajara desde su posición de
reposo hasta la toma de estrías de manera libre, desordenada, y por lo
tanto es muy probable que tome a estas, exagerando un poco, “de costado”.
Por lo tanto la estabilización que el caño le dará a la
punta no será la mejor y esto se reflejara en el vuelo de esta y en la
precisión sobre el blanco.
Por lo tanto, un cartucho con el free bore adecuado sirve para que la punta
tome la estría del caño de la mejor manera posible desde el punto
de vista de la precisión, evite la generación de excesivas presiones
y no comprometa la correcta alimentación en recamara.
Mediante un método muy simple podemos conocer cual es el free bore adecuado
para cada punta que estemos usando. Para ello se utiliza la baqueta de limpieza
del caño.
Con el arma colocada en un banco con el cierre bloqueando la recamara vacía,
se introduce la baqueta hasta que esta se tope contra el frente del cierre.
En este punto se marca la baqueta justo a la salida del caño. El proximo
paso es colocar una de las puntas que usaremos para cargar dentro de la recamara
hasta que la misma quede contra la estría. Se vuelve a introducir la
baqueta, hasta que esta haga contacto con la punta y se vuelve a marcar la baqueta.
La distancia entre las dos marcas que se encuentran en la baqueta, refleja la
distancia entre el cierre del arma y el comienzo de la estría, para la
punta en particular que medimos. Esta distancia longitudinal es la que ocupara
el cartucho. Si a esta distancia le restamos 2 milímetros para cartuchos
con presiones por sobre los 50000 psi, o 1 milímetro para cartuchos con
presiones menores, sabremos cual es el largo correcto del cartucho, desde el
punto de vista del free bore. A veces respetar esta distancia es imposible,
porque los cartuchos terminados así no entrarían en el almacén
cargador o la punta estaría asentada muy por fuera de lo indicado. En
esos casos no hay muchas respuestas mas que privilegiar una buena alimentación
o mantener la integridad del cartucho.
Cabe acotar que cada punta nos dará un valor diferente de free bore,
por lo tanto cuando cambiamos de punta a cargar habrá que repetir la
operación anterior.
La colocación
de la punta:
Teniendo en cuenta cuales son los puntos a considerar para insertar correctamente
dentro de una vaina a la punta, volvemos al banco de recarga, a la prensa y
al juego de dies.
El seater, o die de asentamiento de punta es el ultimo que se usara para terminar
con la recarga completa de un cartucho.
Este ultimo die, puede estar diseñado para cumplir con las dos operaciones
que restan ( introducción de punta y cierre del cartucho ) en forma simultanea,
o bien, las dos operaciones anteriores pueden realizarse de manera separada
cuando se utilizan dos dies para ello, ya que muchos juegos de dies están
compuestos de un cuarto die que realiza el cierre del cartucho en forma separada.
En lo personal, poseo juegos de dies de tres y cuatro elementos, pero por decisión
propia y sea cual sea el juego de dies que utilice, siempre separo a la introducción
de la punta del cierre del cartucho. De esta manera tengo mayor control sobre
la terminación de la recarga y sobre la correcta posición de la
boca de la vaina cuando el cartucho esta terminado.
Para lograr una correcta alimentación de la recarga terminada, esto se
logra por prueba y error, y es aquí donde se empieza a trabajar con el
caño de la pistola, el tambor del revolver o el fusil de manera directa.
Llegados a este punto, debemos tener bien presente el largo total que tendrá
el cartucho. Colocamos el die de asentamiento en la prensa y dentro de este
roscamos el vástago que empujara a la punta, el cual deberá tener
la forma mas apropiada de acuerdo a la punta que vamos a introducir. Los juegos
de dies incluyen vástagos cuyo extremo en contacto con la punta tiene
diferentes formas, ya sea para puntas round nose, semi wadcutter, spitzer, etc.
Deliberadamente hay que roscar este vástago mucho mas profundo de lo
habitual. De esa manera el cuerpo principal del die quedara alto y por ende
las paredes internas del mismo no deformaran a la vaina, evitando el cerrado
de la misma.
Se coloca una vaina en el shell holder y se comienza a probar la introducción
de la punta hasta que el die este correctamente regulado. La punta se coloca
manualmente sobre la boca de la vaina y se la acompaña en su recorrido
ascendente hasta que el cuerpo del die nos impida seguir haciéndolo.
A través de la palanca de la prensa podremos percibir cuando el vástago
haga contacto con la punta, y llevaremos la palanca hasta su posición
inferior máxima. Cuando subamos a la misma tendremos a una punta que
se encuentra dentro de una vaina que tiene su boca abierta. Con un calibre habrá
que medir el largo del cartucho con esta punta introducida y regular el vástago
del die hasta lograr la medida buscada. Siempre es bueno “quedarse cortos”
en los primeros pasos. De esa manera, con solo introducir mas el vástago
dentro del die, lograremos que la punta se introduzca mas dentro de la vaina.
Pero si nos pasamos, no tendremos mas remedio que sacar a la punta de la vaina
y recomenzar el proceso.
Con el die regulado, solo resta colocar las vainas y las puntas en la prensa
y trabajarlas a todas hasta que tengamos un lote de cartuchos con su punta correctamente
introducida y casi terminados.
Llegados a este punto, el cartucho obtenido seguramente no alimenta correctamente,
ya que su boca aun posee un diámetro que no le permite asentarse en recamara.
Aquí empieza la operación de cerrado final
Pero aquí ya no utilizaremos el calibre como elemento de medida, sino
que se usara el caño de la pistola, el tambor del revolver o el fusil
con su sistema de percusión quitado o en seguro total ( no hay nada mas
desagradable que un disparo fortuito de un fusil en un lugar cerrado ) en donde
se disparara la recarga.
Existen varios tipos de cierre. Muchos de estos tipos son adecuados para un
cartucho mientras que para otros serian incorrectos.
Como regla general, se puede decir que los cartuchos diseñados para pistola
utilizan el denominado Tapper Crimp, que consiste en mantener las paredes de
la boca de la vaina rectas. Esto es así porque es aquí en donde
el cartucho encuentra el tope dentro de la recamara para asentarse. Si las paredes
de la boca de estos cartuchos no estuvieran rectas el cartucho tendera a introducirse
mas allá de lo adecuado dentro de recamara y por lo tanto se pueden producir
fallas de percusión, rotura de vainas, mala precisión y algunas
cosas mas. Hay cartuchos de pistola que poseen su asentamiento en el reborde
de la vaina, como el .25ACP, .32ACP y .38 Super, sin embargo las paredes de
la boca en estos cartuchos también deben permanecen rectos, por otros
motivos.
En el caso de los cartuchos de fusil con hombro, el tapper crimp también
es adecuado. Pero en este caso no tiene influencia el asentamiento de cartucho
en recamara, sino que lo que se busca es que no existan problemas de alimentación
al llegar el cuello del cartucho a la porción que lo contiene en la recamara.
El simplemente denominado Crimp, que fuera explicado brevemente líneas
arriba, consiste en el doblez que se le practica a la boca de la vaina para
sujetar mas firmemente a la punta colocada. Este cierre se utiliza en cartuchos
de revolver y ciertos cartuchos de fusil. Lo que se persigue con este tipo de
cierre es que la punta no se mueva por efecto de la inercia que producen los
disparos anteriores mientras el cartucho se encuentra en el arma. También
beneficia, pero de manera muy leve, al aprovechamiento de la combustión
de cartuchos que utilizan propelentes de quemado lento de arma corta, como pueden
ser los denominados Magnum o similares. Este tipo de cierre puede evitarse en
la mayoría de los casos que se desee, con la única desventaja
de obtener un cartucho de no muy bonito aspecto a simple vista.
La operación de cerrado del cartucho se efectúa de la siguiente
forma:
Quitar el vástago del die que estamos usando y comenzar a regular solo
el cuerpo del mismo. Rige la misma recomendación anterior sobre la conveniencia
de quedarse cortos en la regulación.
Se coloca un cartucho con la punta introducida y se acciona la palanca de la
prensa. Cuando retiramos el cartucho de la prensa simplemente lo introducimos
en el caño, tambor etc, del arma en que será disparado y verificamos
que asiente correctamente. De no obtenerse lo que se desea, habrá que
seguir regulando el cuerpo del die hasta lograrlo. Una vez obtenida la regulación
deseada, solo resta pasar al resto de lotes de vainas por este proceso y así
obtendremos los cartuchos que deseamos.
El cartucho ya esta listo:
Vamos al polígono?
La respuesta es: Todavía no.
Aunque usted recargue 50 cartuchos por año, cosa muy poco probable, estoy
seguro que a los 15 días de haber terminado sus cartuchos no recordara
si le coloco 5 o 6 grain de pólvora, si la longitud del cartucho terminado
era de 32.5 o 32.7 mm y muchas variables mas.
Todo esto es fácil de remediar con solo llevar un registro de lo que
se recarga. Si puede leer este articulo, es muy probable que usted tenga una
PC a mano, por lo tanto puede usar cualquier programa de los mas comunes para
confeccionar una especie de “base de datos” que le ayude a recordar
lo que hace en materia de recarga. Si no tiene PC, los viejos y aún vigentes
cuaderno y lapicera pueden cumplir la misma función.
A modo de sugerencia, los datos que se pueden colocar en este registro son:
• Día de la recarga.
• Punta: peso, forma y material de la misma.
• Propelente: tipo y cantidad colocada.
• Fulminante: tipo y marca.
• Vaina: marca y lote
• Largo del cartucho terminado:
• Día de disparado el lote: Es importante esto porque no es lo
mismo disparar con calor, frío, viento, etc.
• Velocidad medida: Si posee los medios, la medición de la velocidad
de punta nos puede dar bastantes datos adicionales.
• Observaciones: Aquí puede anotar los resultados de sus pruebas.
Si la recarga es precisa o no, Si genera mucha presión o no, o lo que
usted desee recordar.
Mediante estos registros,
usted sabe con solo ver sus anotaciones si la recarga que hizo es buena o no
para lo que usted la quiere, le permite no volver a repetir una receta que no
le gusto, o bien le permite recordar aquellas que si le gustaron. Y con el correr
del tiempo, usted se va haciendo su propia tabla de recarga.
Recuerde que cualquier variación que usted produzca en una recarga, pueden
dar resultados completamente diferentes, por lo tanto si recarga con los mismos
cuatro elementos de siempre, pero entre un lote y otro de cartuchos, talves
varia en décimas el largo final del cartucho terminado, puede encontrar
diferencias de prestaciones que sean interesantes y muy difíciles de
recordar si no se tienen guardadas.
Es importante establecer un sistema para identificar las cargas que poseen los
lotes recargados. Suponga que usted hoy recarga 50 cartuchos y los guardo junto
a los demás que ya tenia cargados. Dentro de tres meses, cuando los vaya
a usar es probable que no recuerde que “ le puso adentro a esos tiros”,
por lo tanto no sabrá que tipo de recarga tiene entre manos. Con un simple
papelito que contenga los datos de la recarga, escritos al momento de haber
terminado de recargarla, usted sabrá lo que hay ahí dentro en
cualquier momento, sin necesidad de tener que recordarlo.
Llego el momento de disfrutar:
Ya sea que usted sea un apasionado por experimentar con la recarga, o que solo
le interese tener munición barata para darle de comer a sus armas, la
recarga hecha por uno mismo siempre tiene un gusto extra para el recargador.
Usted llego al punto en donde no necesita de nadie mas que usted mismo para
despuntar el vicio. Y eso es parte de esto que se llama recargar. Puede obtener
o no lo que desea de lo que recargó, pero también puede cambiarlo
cuando quiera y eso no se lo quita nadie.
Además entrara en un submundo dentro del tiro que es el saber porque
pasan las cosas que pasan cuando se dispara ya que, como habrá notado
en estas entregas, la recarga trae aparejado todo un vocabulario nuevo dentro
del ambiente del tiro. Usted notara enseguida cuando dos recargadores se junten
en el club porque se empezaran a manejar términos un tanto ajenos para
el tirador que no recarga, como grains, psi, cup, small, large, p/s, OAL, etc.
Podrá entrar en esas conversaciones, pero tenga cuidado porque con el
tiempo, estas tertulias se convierten en adictivas y, como la droga, terminan
siendo un viaje solo de ida, del que nunca mas podrá volver.
Final:
Como en todos los ordenes de la vida, cada recargador tiene su librito. Estas
notas de mi autoría son parte de “mi propio librito”. Trate
de poner en palabras la mayor cantidad de cosas que este librito contiene, pero
hacerlo en su totalidad me fue imposible.
Mientras pensaba estas notas, siempre se me aparecía algo que no lo ponía
en palabras ya que hay cosas que no se pueden explicar, o por lo menos yo no
supe hacerlo. Cosas que son mas fáciles de transmitir en vivo y directo,
sobre el trabajo propiamente dicho.
Puede que haya omitido cosas que al momento de escribir no las considere tan
importantes, o simplemente no se me ocurrieron. De ser así, simplemente
puede escribir al consultorio y con gusto tratare de responderlas.
Si estas líneas sirven para que quien este interesado en comenzar a recargar
lo haga, ya es suficiente.
Tengan todos unas excelentes recargas.
Rolando Mendez
El
siguiente material sobre recarga es de la autoría del SR. ROLANDO
MENDEZ,
especialista y colaborador de la página www.fullaventura.com
y fue autorizada su publicación por gestiones realizadas
por el socio del C.U.T. Sr. CARLOS FORNARO.